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Columnistas | PUBLICADO EL 01 septiembre 2022

Eldorado Blanco

Se estima que el Ártico alberga hasta una cuarta parte del petróleo y el gas aún no descubiertos en este planeta. También de minerales y tierras raras fundamentales para alimentar los chips y las baterías eléctricas.

El Ártico es la última frontera por delimitar de la Tierra y Rusia quiere tomar la delantera. De esa franja incógnita y gélida se conoce muy poco. Para empezar, sus propios contornos, indefinidos hasta por el propio Consejo del Ártico, el organismo que agrupa a todos los países que se reparten la zona terrestre ártica: Canadá, Dinamarca (incluyendo a Groenlandia e islas Feroe), Estados Unidos, Rusia, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia.

Tras el fin de la Guerra Fría, la zona ha vivido un periodo de calma absoluta con pequeñas disputas sobre zonas emergidas. La mayor parte del océano Ártico y de estos territorios —situados al norte del círculo polar ártico (66º33’ N), para unos, o en el contorno de aquellas zonas con temperaturas inferiores a los 10 grados en julio, para otros— pertenece a Rusia, Canadá y Dinamarca.

Sin embargo, el expansionismo desatado por Putin ha hecho que la región con la densidad de población más baja del mundo, habitada por unos cuatro millones de personas, de los que alrededor de un 20 % son de origen indígena, vuelva a ser objeto de disputas. ¿Por qué?

El deshielo está provocando que amplias zonas blancas de la región dejen al descubierto tesoros para explotar cuya extracción era demasiado cara hasta anteayer. Se estima que el Ártico alberga hasta una cuarta parte del petróleo y el gas aún no descubiertos de la Tierra. También de minerales y tierras raras fundamentales para alimentar los chips y las baterías eléctricas. A esto se suma la posibilidad de acortar enormemente el comercio global al circunnavegar el Polo Norte, un proyecto en el que Moscú, que asumió en 2021 la presidencia del Consejo Ártico por dos años, lleva la delantera.

Por último, dentro de un sinfín de posibilidades, está la acumulación de agua potable. Como bien saben, el 70 % de la Tierra es agua, pero el 96,5 % es salada. Del 3,5 % de agua dulce, el 70 % está congelada en glaciares, el 29 % está suspendida, en acuíferos o en la humedad del suelo, y un 1 % en ríos, arroyos y cuencas hidrográficas. Pero no toda es potable. En definitiva, solo un 0,025 % del agua de la Tierra es potable en origen.

Todos estos recursos convierten al Ártico en Eldorado Blanco, como demostró la oferta de Trump para comprar y anexionar Groenlandia a EE. UU. y la ampliación de las bases militares rusas. La presencia de los submarinos rusos en las gélidas aguas del norte, cerca de la isla de Alexandra, donde Putin acaba de construir una base militar, es frecuente.

Moscú cuenta también con un grupo de aviones de combate en el Ártico y ha enviado hasta tres submarinos, que atraviesan sin esfuerzo alguno la helada superficie, de más de un metro y medio de grosor. Tratan de imponer su presencia en el territorio. Según el propio Putin, el valor de los combustibles fósiles en el Ártico puede alcanzar los 25 billones de euros.

Por su parte, EE. UU. nombrará próximamente a un embajador general que se comprometerá con otras naciones del Ártico, grupos indígenas y otras partes interesadas, en un esfuerzo por no descolgarse en la disputa que se avecina en una de las regiones del globo más vulnerables al cambio climático y que se calienta dos o tres veces más rápidamente que el resto del planeta 

Humberto Montero

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