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juanjogp@une.net.co
¿Por qué tengo reservas al emitir conceptos más o menos serios por medio de Facebook y Twitter? Porque he tenido experiencias mortificantes y creo, como periodista, que es un error atribuirles a esos y otros instrumentos de ciberconversación informal la categoría de medios periodísticos.
Es un disparate confundir un medio de comunicación confiable, creíble y respetable con una alcantarilla, un vertedero de aguas turbias o un canal de difusión de prejuicios y reacciones pasionales agresivas y ultrajantes. No estoy entre los que le asignan el título de periodista ciudadano a cualquiera que escriba en esas redes, o que transmita datos, mensajes o comentarios a un periódico, más todavía si no sabe de la cultura profesional del periodismo ni accede a elementales normas de autocontrol ético, de veracidad, ponderación y ecuanimidad en el uso de la palabra. Rehúso esa usurpación de funciones profesionales.
El articulismo de opinión no puede ser un simple desahogo emocional. Es un ejercicio de la libertad pública de pensamiento, de tolerancia y de respeto a todos los que sean o puedan resultar contrarios. En el curso de Periodismo Argumentativo, que dicto desde hace muchos años, lo concibo como una propuesta de conversación ilustrada. El comentarista, como buscador de sentido, asume la responsabilidad de interpretar la realidad y ofrecerles a los lectores unas respuestas a las preguntas e interpelaciones habituales y unas claves para la comprensión de los hechos y deja constancia de que la suya no es la única verdad exclusiva y excluyente.
En la condición de intelectual y hermeneuta de la actualidad, el comentarista sostiene una distancia crítica. Así no sea periodista, realiza una actividad propia del periodismo. Es obvio que deba aceptar unas condiciones mínimas de ética profesional, que incluyen el respeto y la dignidad en el estilo y unos procedimientos normales en cualquier medio periodístico.
Si se acoge la tríada de libertad, igualdad y solidaridad de la racionalidad ilustrada, en nombre de la libertad no tienen por qué sacrificarse los otros dos principios al crear discordias y utilizar un lenguaje desafiante y pendenciero. Que es el lenguaje camorrista de muchos usuarios de las redes sociales, a veces antisociales, como cuando expreso por Facebook algún punto de vista particular y recibo una andanada de insultos y ladridos intimidatorios de una jauría de censores neoinquisitoriales y fascistas que no aguantan opiniones discordantes.
Es tan extensa la lista de casos concretos, que no la incluyo aquí. Sí concluyo que, a mi modo de comprender, está en el error todo aquel que piense que le es legítimo utilizar las páginas de opinión de un periódico para irrespetar a diestra y siniestra. Que escriba en Facebook o en Twitter, donde nadie controla y parece que mandan los ácratas.