viernes
3 y 4
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Darío habla como un predicador. Su voz es grave. Su hablar pausado. Cada palabra es escogida y lanzada con cuidado, ocultando una tartamudez que le reta. Frisa los cincuenta, es mediano, de contextura gruesa, con una incipiente barriga y algo calvo. Por su apariencia y sus formas, es fácil imaginarlo de cura repartiendo señales sagradas, padrenuestros y consejos a la feligresía en vez de artículos para salones de belleza, que es lo que hace. A veces su conversación se pega un poco y se crea un momento...
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