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Columnistas | PUBLICADO EL 26 febrero 2015

EL DRAMA DE LA CALLE

Porluis guillermo suárezlgsuarez@une.net.co

La insurgencia en Colombia, ha desviado la atención del Estado con acciones enfocadas a enfrentar el conflicto armado, restándole esfuerzos para darle solución a los problemas sociales que aquejan al país. Esta circunstancia ha permitido que la pobreza extrema involucre la violencia y la falta de convivencia al interior de las familias, creando un mayor número de indigentes entre los residentes del campo y los desplazados hacia las ciudades. Según estudios de La Comisión Económica para América Latina y el Caribe -Cepal-, en Colombia el 17 % de la población en condiciones de pobreza extrema y de abandono, han roto su vínculo familiar y se han refugiado en la indigencia, la mayoría como habitantes de la calle en los centros urbanos.

En Medellín se tienen identificadas 3.250 personas declaradas como indigentes, diseminados en varios sitios de la ciudad con mayor énfasis en los alrededores del río y de la plaza minorista. Para atender el problema la administración municipal por medio de la Secretaría de Inclusión Social, ha desarrollado una serie de programas en donde se atienden 2.272 personas. Entre los proyectos más destacados se encuentran el Sistema Integral de Protección a la Vida, que incluye la atención a niños y niñas adolescentes, habitantes de la calle y adultos mayores, todos en condiciones de vulnerabilidad, sumado al programa de Diagnóstico Dual enfocado a una mayor atención a estas personas atendidos en sitios adecuados y planes bien estructurados para lograr su rehabilitación, complementados con centros de atención a las familias con problemas de convivencia.

Conocemos conmovedores testimonios de jóvenes que se han recuperado, ellos expresan su drama frente a la violencia intrafamiliar, promiscuidad, prostitución, adición a las drogas y la falta de educación. Son positivas las acciones para proporcionarles alimentación, aseo, vestido, asistencia básica de la salud y tratamiento para su recuperación, pero nos preocupa que se tenga que ejercer una estricta atención a los derechos humanos con presencia de la Personería, porque en los programas de rehabilitación se debe invitar a los indigentes para que en forma voluntaria, se vinculen a los programas con el fin de respetar el derecho al libre desarrollo de la personalidad, cuando estos individuos en las etapas difíciles de recuperación, generan problemas de salubridad y violencia que afectan la seguridad para ellos y el resto de la comunidad. También nos preocupa que a pesar de que existe compromiso de la alcaldía para darle solución al problema, están migrando de otros sitios del valle y del departamento más indigentes, para aprovechar la asistencia que a los habitantes de la calle se les da en Medellín.

Para erradicar el problema es necesaria la vinculación de todos los estamentos de la sociedad, las ONG y del sector privado para que se comprometa en brindar empleo a las personas regeneradas mediante programas de responsabilidad social empresarial; así mismo la comunidad no debe dar limosna en la calle en procura de que esas personas acudan a las instituciones benefactoras; también debe existir un compromiso unificado de las administraciones municipales del área metropolitana, para apoyar los programas que está realizando el municipio de Medellín. Este problema es más dramático de lo que la comunidad conoce, porque la presencia de los habitantes de la calle la tendremos en el río, en los parques, en el centro o en las calles, en tanto se desarrollen más programas de atención a la familia, con educación y mayores oportunidades, para darle solución a los problemas desde la raíz.

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