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En varias ocasiones hemos advertido sobre el costo que para sociedades como la nuestra significa mantener el esquema de la democracia occidental. No se trata de un comentario negativo, sino de mostrar las dificultades económicas que comporta el sostenimiento del aparato burocrático necesario para lograr al menos una relativa estabilidad institucional. El gran interrogante consiste en determinar si es posible mantener la estructura propia de una democracia occidental sin incurrir en los elevados costos, que por distintos conceptos, ello implica y verificar si en determinados países se ha avanzado hacia un modelo más económico.
Para que el lector pueda comparar, presentamos algunos apartes de un reciente estudio sobre la organización y funcionamiento del sistema sueco. El Parlamento está integrado por 349 diputados cuya única prebenda especial consiste en que reciben una tarjeta anual para utilizar el transporte público colectivo. No tienen ningún beneficio adicional, por ejemplo, la posibilidad de contratar asesores que hagan parte de manera personal de su unidad legislativa. Al momento de posesionarse se les entrega un Código de Ética que contiene las normas de conducta que deben seguir durante su actividad parlamentaria, así como las relacionadas con inhabilidades e incompatibilidades. A cada parlamentario se le facilita una oficina de trabajo de sólo 7 metros cuadrados, con absoluta austeridad, sin elementos diferentes a su escritorio de trabajo y las conexiones para que cada uno utilice su computador personal. Los diputados no tienen inmunidad ni fuero especial, sino que los investigan y juzgan los jueces corrientes como a cualquier persona.
Los parlamentarios cuentan únicamente con tres vehículos oficiales: Uno para el Presidente, los otros para los dos vicepresidentes. Estos automotores sólo pueden ser utilizados para actos oficiales, no para transportar al diputado a su casa y menos para eventos sociales, familiares o de cualquier otra índole, del diputado, de sus amigos o de los miembros de su familia. Al Primer Ministro se le suministra un vehículo de la policía, sólo para que lo transporte en caso de actos oficiales.
El salario de un diputado es de 7.200 dólares (aproximadamente $21.600.000°°) que después de impuestos y retenciones queda en 4.300 dólares (aproximadamente $12.900.000°°), dicen las informaciones que es menos de lo que gana un profesor de escuela. La idea es que el salario no sea alto, para que la representación se tome como un servicio y no como una oportunidad para aspirar a un empleo económicamente atractivo; además, para efectos de transparencia, los salarios los fija un comité independiente integrado por un juez jubilado y dos altos exfuncionarios administrativos. El comité se reúne una vez al año con el fin de fijar o reajustar los salarios, para lo cual debe tener en cuenta el comportamiento de los diferentes índices que determinan la economía.
Lo expuesto es posible debido a que los diputados sienten un orgullo especial por trabajar en representación de sus electores, conocer y participar de sus necesidades y guiar en su nombre el rumbo del Estado.