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Columnistas | PUBLICADO EL 27 octubre 2022

Diálogos Imaginarios

Los votos de Colombia condenando a Rusia no eran predecibles, habida cuenta del planteamiento de Petro durante la campaña presidencial según el cual la invasión a Ucrania era irrelevante porque en Colombia había pobres.

Por Rodrigo Botero Montoya - redaccion@elcolombiano.com.co

A principios de este mes, Colombia votó a favor de dos resoluciones condenando a Rusia por invadir a Ucrania, violando las normas del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas. Una de las votaciones tuvo lugar en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas; la otra, en la Reunión Anual de la Organización de Estados Americanos, que se celebró en Lima.

Estos votos se enmarcan en la tradición diplomática colombiana. Durante las dos guerras mundiales, la guerra de Corea y la Guerra Fría del siglo pasado, Colombia estuvo invariablemente del lado de las democracias occidentales.

Vladimir Putin ha justificado la invasión a Ucrania como una guerra contra el orden internacional liberal que defienden las democracias occidentales. De manera que los votos de Colombia son consistentes con sus principios y su política internacional. Desde esa perspectiva, la postura colombiana en los foros mencionados era predecible.

Ahora bien, en un tema de trascendencia mundial, los votos de Colombia condenando a Rusia solo podrían haberse consignado por orden expresa del presidente Petro. Eso no era predecible, habida cuenta de su planteamiento durante la campaña presidencial de que la invasión a Ucrania era irrelevante porque en Colombia había pobres. De manera que una actitud de indiferencia respecto a la importancia del conflicto podía interpretarse como una postura favorable a Rusia. Así pues, lo novedoso de los votos colombianos mencionados es que, en un corto período de tiempo, ha habido un viraje brusco por parte del presidente Petro en relación con la guerra entre Rusia y Ucrania. Y eso requiere una explicación.

Lo que se presenta a continuación son dos hipótesis, una sobrenatural y otra terrenal, respecto a lo que puede haber inducido un cambio de postura de esa magnitud. Carezco de elementos de juicio para afirmar cuál de las dos hipótesis es la verdadera. Dejo a la discreción de los lectores decidir cuál de las hipótesis les parece verosímil.

La primera hipótesis es que el presidente Petro tuvo una epifanía como la de San Pablo en el camino a Damasco, en la cual una voz de lo alto le dijo que Colombia no podía ser indiferente a la agresión rusa a Ucrania.

La segunda hipótesis es que, durante la reciente visita del secretario de Estado, Antony Blinken, tuvo lugar el siguiente diálogo: “Mr. President, He tomado nota de su interés por el cambio climático y la transición energética. Permítame una observación acerca de nuestra relación bilateral. El presidente Biden y yo queremos mantener los estrechos lazos de amistad que han existido entre nuestros países, así su gobierno sea de izquierda. Hemos aprendido de nuestros errores. Nuestra política exterior es flexible, pero tiene límites. Incluye ciertas líneas rojas que no es recomendable cruzar. Me limito a señalar que, en las actuales circunstancias, no es posible apoyar a Rusia y seguir siendo amigo de Estados Unidos”

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