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Esta es mi última columna en calidad de presidente de Proantioquia. Sin embargo, la misma seguirá; se trata de un espacio institucional por amable invitación de EL COLOMBIANO. En la columna convocamos e ilustramos acerca de la significación que tiene el trabajo colectivo por una mejor sociedad. Obstinadamente insistentes en promover, articular y apoyar, iniciativas que ayuden al bienestar de todos. Convencidos de que la confianza y la cooperación son las piedras angulares de sociedades prósperas. Fortaleciendo propósitos sociales y no particulares, por bien intencionados que sean. Y con una actitud de no contemplación de los problemas, sino de construcción de futuro; el optimismo es una obligación moral para Proantioquia.
Para no caer en un activismo descontextualizado, damos la mayor importancia a la medición permanente del desarrollo sostenible y a la evaluación del hacer público y ciudadano para lograrlo. Que las iniciativas tengan el mayor impacto porque son pertinentes y construyen capacidades en las personas y las organizaciones. Insistiendo en la urgencia de dos facilitadores para el progreso. Una cultura política que valore el construir sobre lo construido. Y una cultura ciudadana no simplemente de derechos –bien facilista– sino de deberes -relacional y responsable–.
En este marco de principios y valores para el trabajo colectivo, he tenido la fortuna de trabajar los últimos 15 años en Proantioquia. Convocando a cientos de líderes empresariales e institucionales, a ser parte de su implementación. Apadrinando ellos, iniciativas de generación de valor social - emprendimientos, escuelas, organizaciones promotoras del desarrollo, jóvenes, maestros-; compartiendo su conocimientos y sus capacidades. Fortaleciendo además tantas organizaciones culturales, cívicas, tecnológicas, educativas, solidarias, que expresan lo mejor de nuestro capital social para progresar con inclusión.
En nuestra tarea, destacamos y apoyamos la buena gestión pública. Ante lo gubernamental, siempre la actitud es la de apoyar más que reclamar. No significa ausencia de independencia, pero todas las inquietudes las expresamos con la responsabilidad y prudencia que requiere la participación ciudadana sobre los asuntos públicos. Facilitando conversaciones amplias sobre nuestros retos, con las mayores exigencias éticas. Respondiendo a los desafíos con energía e imaginación; no refugiándonos en la tentadora propuesta de repetir indefinidamente lo que ha fracasado. Distinguiendo entre fines deseables y medios inaceptables. Buscando que la política no sea un abanico de objetivos rivales, sino una construcción de identidades positivas para lograr metas colectivas.
Es fácil concluir entonces, que he sido un partícipe privilegiado de un proyecto de sociedad, en el cual Proantioquia ha querido ser un facilitador confiable para el encuentro de quienes comparten valores como los enunciados, buscando ayudar a construir una sociedad menos fragmentada y más incluyente. Espero haber sido fiel a estas búsquedas. Y haberlo hecho con valoración y respeto de tantas instituciones y personas que han sido parte activa de muchas iniciativas que hemos promovido o en que hemos participado. Y que reflejan lo mejor de todos nosotros. A ellas mi gratitud eterna por su acompañamiento generoso, recordándoles, en una frase de Chaplin, un sentimiento- propósito, que muchas veces compartimos y sobre el que seguiré insistiendo en todos los escenarios:
Pensamos demasiado y sentimos demasiado poco. Necesitamos más de espíritu humanitario que de mecanización. Más de inteligencia; tenemos más necesidad de afabilidad y gentileza. Sin estas cualidades, la vida tiene que ser violenta y todo se habrá perdido.
* Presidente Proantioquia