<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
x
language COL arrow_drop_down

Democracia y decencia

Cuando el gobierno lo manejan personas que no respetan las altas prácticas del cumplimiento y respeto por el bienestar general, es claro que no puede hablarse de democracia.

05 de enero de 2024
bookmark
  • Democracia y decencia

Por Luis Fernando Álvarez Jaramillo - lfalvarezj@gmail.com

Decencia significa actuar de conformidad con las reglas sociales que orientan la convivencia. Decente es la persona que en cada una de sus acciones se preocupa por retornar la mayor cantidad posible de bienestar a cada uno de los asociados. Es la persona que cumple sus compromisos de manera natural, con benevolencia aunque con gran firmeza. En el campo político, es el gobernante que actúa con certeza para generar seguridad y confianza. El decente cumple, es recto, es capaz de disculparse, y todo ello genera en el otro, individual y social, una sensación de seguridad, de bienestar, un sentido de pertenencia, de afinidad y de lealtad.

En el manejo de la cosa pública el gobernante con principios puede acertar o equivocarse, pero lo hará de buena fe, con altura, con benevolencia y fundamentalmente orientado y pensando en la protección de los más altos y queridos intereses del grupo social. Bajo estos parámetros, es claro que la democracia, como forma de gobierno, exige un alto grado de decencia. Democracia sin decencia, no es democracia. Será autoritarismo, será, corrupción o cualquier manifestación negativa, pero bajo ningún punto de vista puede decirse que existe una real democracia, cuando el mando está en manos de quien o quienes no actúan con rectitud.

Cuando el gobierno lo manejan personas que no respetan las altas prácticas del cumplimiento y respeto por el bienestar general, es claro que no puede hablarse de democracia, y el pueblo, aquel grupo de ciudadanos que un día de buena fe confió sus intereses a quien no actúa de manera digna, muy pronto buscará utilizar los mecanismos institucionales para corregir su error, para volver a la tranquilidad que representa el gobierno íntegro y recto.

Hay que anotar que la falta de decencia en el ejercicio del poder es solo el inicio de una serie de conductas equivocadas que terminarán por exigir cuentas a quienes actúan de manera desviada. La falta de decencia, como comportamiento social, es el primer paso hacia el desarrollo de conductas por fuera de los cauces administrativos, fiscales y penales. El gobierno que no es recto, que se dedica a destruir la unidad social en lugar de construir confianza y tolerancia, más temprano que tarde termina involucrado en una serie de comportamientos amañados, muchos de ellos por fuera de las regulaciones sociales y legales. Los casos, específicamente en América Latina, son repetidos, pero en la mayor parte de ellos, la voracidad de quienes actúan por fuera de las reglas de la decencia, termina por apartarlos del favor del electorado, e incluso los lleva a rendir cuentas ante las autoridades de control.

Las principales ciudades colombianas, mediante la valerosa reacción de sus ciudadanos, ha cobrado caro a quienes venían actuando por fuera del decoro. Desde el primero de enero, en muchas de estas ciudades, empezó un nuevo relacionamiento entre poder y ciudadanía, caracterizado por el manejo respetuoso de las normas y principios y la convicción sobre el retorno de la decencia.

Sigue leyendo

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD