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Columnistas | PUBLICADO EL 10 abril 2019

DE LA CUNA AL ESPECTÁCULO

Por FELIPE RODAS BEDOYA

Politécnico Jaime Isaza Cadavid, Comunicación Audiovisual, 3° semestre.
felipe_rodas20172@elpoli.edu.co

Si algo sabemos del desarrollo del arte en nuestro entorno es que parece ser causal de “querer morirse de hambre”; una premisa acompañada de sermones sobre “la fórmula de la vida exitosa”, la cual está basada en las labores que prescinden de todo hecho netamente artístico. Esto en conjunto da lugar al camino angosto que los artistas atraviesan para vivir su vocación.

El arte es aquello que nos vitaliza, pero ¿en qué medida es posible que no se reconozca y valore? Este proceso tiene trabas debido a nuestro contexto político, social y cultural. Aquí, la constitución del artista comenzó en crescendo debido a un instinto colectivo de superación, donde la prioridad fue visibilizarse, crear conciencia y buscar crecimiento artístico integral; siendo a través de maestros extranjeros, buenos postores y personas de mente abierta, la estrategia selecta para darle base al arte en nuestro país.

No hay que mentirnos, la reacción al saber que alguien se dedicará a las Bellas Artes es, por lo general, un desasosiego constituido por el cuestionamiento “¿de qué vas a vivir?”. Nuestra sociedad no da cabida a una vida digna para alguien que “haga trazos” o “se mueva en el escenario”. No se entiende el trasfondo, la creación y la técnica.

Es irónico que las personas que se hacen aquel cuestionamiento son causantes del mismo; así, se evidencia su cinismo, pues diariamente disfrutan de la música, del folclor colombiano y de películas. Todo esto ocurre porque el arte hace las veces de escapatoria a la realidad, o en palabras de Nietzsche: “tenemos el arte para no morir a causa de la verdad”. Así construimos una sociedad de mentiras, donde nos maravillamos por el arte que nos rodea, pero también somos aquella piedra en el camino para este.

Es imprescindible crear una conciencia colectiva. Una sociedad no es posible sin el arte, pues el arte significa muchas cosas, tanto para el espectador como para el hacedor. A la final, ambos mantienen algo en común: el sentimiento, ¿y qué es una sociedad sin sentimientos? Eso es otro cuento que podría aludir a la modernidad líquida de Bauman; pero aquí, en nuestro contexto, no hay cabida a una sociedad que se mueva sin emociones, sin el diario sentir que nos impulsa a transcurrir cada vivencia de manera diferente.

*Taller de Opinión es un proyecto de El Colombiano, EAFIT, U. de A. y UPB que busca abrir un espacio para la opinión
joven. Las ideas expresadas por los columnistas del Taller de Opinión son libres y de ellas son responsables sus autores. No comprometen el pensamiento editorial de El Colombiano, ni las universidades
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