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La región que menos crece

Aquí las discusiones están centradas en una retórica revolucionaria, empujada por un gobierno dogmático e idealista que se quedó en los años sesenta.

30 de octubre de 2024
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  • La región que menos crece

Por David Yanovich - opinion@elcolombiano.com.co

En una entrevista en El Tiempo esa semana, Carlos Felipe Jaramillo, vicepresidente para la región del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), hace varias afirmaciones preocupantes. La primera es que la proyección de crecimiento para América Latina para el 2024 es de un lamentable 1.9%. La segunda, que Colombia crecería incluso por debajo de eso, con una proyección del 1.5% para este año y del 3% para el 2025. Para este año, el BID proyecta que América Latina será la región que menos crece en todo el planeta. Como dice Jaramillo, estas tasas están lejos de ser las requeridas para que la región, y Colombia, reduzca la tasa de pobreza de una manera lo suficientemente rápida como para generar mayor bienestar y riqueza para sus ciudadanos. Esto porque este crecimiento no genera suficiente empleo para absorber a la población desempleada, y porque no genera un crecimiento de la torta económica lo suficientemente grande como para incrementar de manera significativa los ingresos de los gobiernos y aplicar estos a programas necesarios de inversión y subsidios para el futuro.

Surgen dos preguntas entonces. La primera es por qué. ¿Qué hace que América Latina no pueda crecer a tasas más altas teniendo aún algo de bono demográfico y una ciudadanía pujante y emprendedora? Y la segunda es: ¿Lo que están haciendo gobiernos e instituciones es lo necesario para poner a la región en una senda superior de crecimiento?

Para el caso de Colombia, la respuesta a la primera pregunta es conocida y ha sido estudiada por décadas. La falta de capital humano por una debilidad en el sistema de educación, la falta de inversión en infraestructura que conecte las diferentes regiones, la falta de desarrollo tecnológico en varios sectores, particularmente el agroindustrial, el mal diseño del sistema de subsidios que aplica el gobierno nacional, un aparato judicial que se demora siglos en resolver disputas comerciales y civiles, entre muchas otras.

Pero más preocupante es la respuesta a la segunda pregunta. Mientras otros países del planeta están mirando a ver como sacan a sus ciudadanos de la pobreza y generar un mayor bienestar, aquí las discusiones están centradas en una retórica revolucionaria, empujada por un gobierno dogmático e idealista que se quedó en los años sesenta. Aquí no se está hablando de mayor inversión en infraestructura, ni en mejorar la calidad de la educación, ni en hacer más flexible el mercado laboral, ni en enfocar y racionalizar los subsidios.

No. Aquí se está hablando de una reforma laboral que aumenta fundamentalmente la rigidez y el costo de un trabajador para un empresario, de una reforma tributaria que graba a los mismos de siempre en lugar de buscar un sistema más eficiente y progresista donde todos pongamos, de acabar con la colaboración entre sectores público y privado para construir infraestructura, de aniquilar a Ecopetrol y la exploración y explotación de gas y petróleo, generando enormes dificultades fiscales a la Nación, de una descentralización mal pensada y a las carreras, de sí Puerto Resistencia debe ser monumento nacional o no.

Colombia está dando las discusiones que no son. Y mientras tanto, somos el país que menos crece, en la región que menos crece, del planeta.

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