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El segundo año de la invasión

Putin se ve beneficiado con la prolongación del enfrentamiento más que Zelenski. El desgaste jugará a su favor mientras a Ucrania se le hará insostenible el ritmo de gastos ante la inminente disminución del apoyo monetario y bélico de sus aliados.

27 de febrero de 2024
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  • El segundo año de la invasión

Por David E. Santos Gómez - davidsantos82@hotmail.com

No hay una luz que permita suponer el fin del conflicto en Ucrania. Dos años después de la sorpresiva invasión por parte de Rusia las líneas de guerra se dibujan particularmente estáticas, aún con los recientes golpes dados por Moscú, y las ciudadanías de ambos países reconocen que faltan muchos meses y muchos muertos más para que llegue el punto final. La promesa de Vladimir Putin de tomarse Kiev tres días después de iniciada la invasión pasó a diluirse en un enfrentamiento farragoso en el que Ucrania se esfuerza por mostrarse como el último muro de contención de Occidente. Volodimir Zelenski insiste en que la ayuda de Europa y Estados Unidos empieza a ser insuficiente y sus súplicas reciben respuestas cada vez más ambiguas. Washington y Bruselas, inmersos en sus propias crisis y con un aprieto monumental en Medio Oriente, expresan con frecuencia la preocupación de continuar con el flujo de dinero hacia un conflicto que posiblemente dure un par de años más.

La frontera occidental de Ucrania es hoy, por estrategia, una guerra de trincheras. Si bien el ejército ruso celebró recientemente, y con aspavientos, la retirada de los ucranianos de la pequeña ciudad de Avdiivka, el movimiento es la excepción y refleja la reducción en los objetivos planteados 24 meses atrás por el Kremlin. En este febrero de 2024, según cifras otorgadas por el Instituto para el Estudio de la Guerra, un centro de pensamiento estadounidense, Rusia controla el 18 por ciento del territorio ucraniano (incluida la península de Crimea anexada en el polémico movimiento de 2014), un mapa no muy diferente al que dejó la avanzada rusa en el primer semestre de 2022.

Con los canales de diálogo obstaculizados entre las partes y las posiciones de cada bando radicalizadas es imposible un avance en negociaciones de paz. Kiev se niega a entregar parte de su territorio y Moscú, más radical aún, a reconocer que Ucrania es una nación independiente. Sin embargo, incluso con la lentitud con la que se ha movido la invasión y aún en contravía de sus promesas y expectativas iniciales, Putin se ve beneficiado con la prolongación del enfrentamiento más que Zelenski. El desgaste jugará a su favor mientras a Ucrania se le hará insostenible el ritmo de gastos ante la inminente disminución del apoyo monetario y bélico de sus aliados.

El golpe mortal para Zelenski y los ucranianos puede llegar, paradójicamente, desde Washington. La posibilidad de que Donald Trump sea electo nuevamente presidente de Estados Unidos se vive con terror entre los aliados que enfrentan a Putin. El expresidente republicano ha dado muestras de que el apoyo en miles de millones de dólares a Ucrania es excesivo y podría cortarlo. Sin esa ayuda la balanza caerá rápida y favorablemente para el lado ruso. El Kremlin espera. Rusia ha demostrado históricamente que el tiempo es un general que juega a su favor.

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