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Por JOSÉ ANDRÉS ROJOredaccion@elcolombiano.com.co
Hace un tiempo la libertad de expresión era un bien indiscutible. El consenso era firme y, en general, se estaba en contra de cualquier tipo de censura. Lo importante era proteger el espacio público, que ahí pudieran batirse con la mayor libertad todas las ideas y posiciones, que fuera la razón la que gobernara el debate y no los sentimientos, y que se impusieran aquellos que hubieran utilizado los mejores argumentos.
Entre los intelectuales y los artistas...
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