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Columnistas | PUBLICADO EL 27 noviembre 2022

Controles de precios

Estos controles de precios, adicionados a los de energía, fertilizantes y carne hacen que el senador Bolívar se vanaglorie de un gobierno que por fin se decidió a ayudarle a la gente.

Por Juan Carlos Echeverry - redaccion@elcolombiano.com.co

¿Qué llevó a la tasa de cambio a cinco mis pesos? Anunciar una posible modificación al precio al cual los inversionistas de portafolio comprarían las divisas para sacar sus inversiones, en la forma de un impuesto a la salida de capitales.

Luego se aumentó el precio que cobra el gobierno por dejar producir petróleo en Colombia, conocido en la industria como “la porción del Estado” (state take), que subió hasta 85 %.

En tan solo tres meses la devaluación del 25 % refleja este dirigismo de precios, y le ha costado al gobierno 6 billones de pesos más en pagos de intereses.

Dos precios clave continúan controlados muy por debajo de su nivel: la gasolina y el diésel. Vienen así de Duque y los mantienen con un costo para el Estado cercano a los 25 billones anuales.

Ahora viene la reducción a la mitad del precio del Soat, que costará billones, y fuerza a asegurar siniestros por debajo de los costos.

Estos controles de precios, adicionados a los de energía, fertilizantes y carne hacen que el senador Bolívar se vanaglorie de un gobierno que por fin se decidió a ayudarle a la gente. Al ritmo de un precio intervenido por semana terminarán “ayudándole” a todo el mundo.

Cuando se fijan precios por debajo los costos o de lo que se paga fuera del país, se induce: a) desabastecimiento, como sucederá en el Soat y la carne, b) altísimos costos fiscales, como sucede con el diésel y la gasolina, c) incertidumbre y corridas, como sucede con el tipo de cambio, también con inmenso costo fiscal y privado, d) colas, mercado negro y corrupción.

¿Qué tanto “ayudan” los precios controlados a los padres de familia? Cuento una anécdota. Por allá en 1970, al ministro de agricultura se le ocurrió bajar a la mitad el precio del aceite de cocina, para ayudarle a las mamás colombianas. Fue en las vacaciones de junio. Cada tres o cuatro días mi mamá me levantaba a las 6 am a ir a un Cafam que quedaba a ocho cuadras y hacer cola hasta las 11 am. Allí habían puesto un expendió oficial de aceite de cocina, que era un barril del que le bombeaban aceite al tarro que uno llevaba.

A los ocho años no entendí por qué gasté unas vacaciones madrugando a hacer horas de cola en Cafam. A la postre el generoso ministro se dio cuenta de la futilidad de su medida, que había generado desabastecimiento, mercado negro de aceite y corrupción. Al cabo del tiempo el gobierno abandonó el control del precio del aceite de cocina, y volvieron a aparecer 20 o 30 tipos de aceite, de todos los orígenes y variedades, importados y nacionales, a los más diversos precios. Los millones de mamás colombianas verían cuál de esos aceites les convenía más.

El gobierno actual ya gastó una y media reforma tributaria en cubrir los subsidios de la gasolina y el diésel, y pagar intereses adicionales de la deuda externa en devaluados pesos. ¿Continuarán controlando precios?

El desplome de una economía se deriva de fijar ficticiamente los precios al calor de la generosidad de los ministros de turno. Una vez se reduce ficticiamente un precio, se induce una protesta, como lo muestran los taxistas, motociclistas y camioneros del país, pues creen que no les pueden subir la gasolina y el diésel. No sucede así en Chile y Perú, con gobiernos progresistas, pero que no incurrieron en ese error de consentir y malcriar a la gente.

Al final todo se paga. De una u otra manera, bien sea con desabastecimiento, impuestos, colas, mercado negro, marchitamiento económico o corrupción. Todo se paga

Juan Carlos Echeverry

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