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Otra herramienta a la mano es subir los encajes a los bancos, aunque estos ‘llevarían del bulto’ con esta baja en la liquidez de la economía.
Por Carlos Enrique Cavelier - opinion@elcolombiano.com.co
América Latina es una de las regiones que menos ahorra en el mundo en general. Los asiáticos siempre han sido campeones, incluso cuando sus salarios eran paupérrimos, como el medio dólar por día que se pagaba en China en 1979. Japón era igual antes de su resurgimiento como potencia económica después de la Segunda Guerra Mundial. Obvio, en la medida que los salarios aumentaron, las tasas de ahorro crecieron más que proporcionalmente.
La tasa promedio de ahorro en el mundo es del 26%. Es evidente que la gran proporción de estos recursos de los 130,000 billones de dólares del PIB mundial anual se concentra en las economías desarrolladas, donde los individuos y las empresas son grandes ahorradores; tanto que hoy son claramente visibles las “montañas de efectivo” esperando colocación en nuevas venturas de negocios como la inteligencia artificial. Hasta 2025 se habían invertido en ella 1.5 trillones de dólares (en inglés) y se prevé que este mismo monto se continúen invirtiendo ya de forma anual. Esto es tres veces la economía colombiana de hoy. Y ese ahorro es el motor del crecimiento de todas las economías.
Colombia figura además en la cola de Latinoamérica en porcentaje de ahorro. Los hogares no tienen en el hábito de ahorrar y lo hacen a través de la compra de vivienda o en el campo tradicionalmente a través del ganado.
El aumento del salario mínimo de diciembre de 2025 es una medida muy controvertida, aunque audaz desde el punto de vista de los ingresos sociales y de sus consecuencias políticas. Claramente, no se pueden desconocer sus implicaciones en la inflación y el desajuste en las empresas, especialmente en las pymes y mipymes.
Pero, objetivamente, contando con una inflación del 5.5% que posiblemente llegue al 6% en el curso del año, si los hogares ahorraran el 20 % de esos recursos a una remuneración competitiva y segura, harían un gran agosto. Primero, el impacto en las finanzas personales de tales hogares sería muy grande. Segundo, el impacto en la inflación, tan temida por todos, empezando por el Banco de la República, podría ser menor, y permitiría bajar las tasas antes de los 18 meses previstos.
Otra herramienta a la mano es subir los encajes a los bancos, aunque estos “llevarían del bulto” con esta baja en la liquidez de la economía. El fenómeno que hace que más dinero persiga la misma cantidad de los mismos productos ofrecidos —definición clásica de la inflación— se reduciría con medidas como estas.
Aparte de una inflación alta, unas tasas altas, como todos sabemos, no dejan crecer la economía, pues el impacto del 20% de los incrementos de tasas decididos por la Junta del BanRep en febrero y marzo reduce cualquier indicador de rentabilidad, además de poner a las empresas que han invertido y se han endeudado en riesgos moderados.
Esto nos obliga también a todos a aplazar inversiones y a recortar los costos operativos con los que contábamos para crecer, que generarían mayor empleo y bienestar en la economía. Son temas conocidos que corresponden a políticas restrictivas para bajarle la fiebre al enfermo, y que debemos sufrir todos.
Coda: la partida súbita de Germán Vargas nos parte el alma; albergábamos la esperanza de su recuperación. Luchador incansable por hacer de este país uno más justo y en paz.