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La dificultad de centrarnos en un propósito

El mismo Marc Zuckerberg ha planteado que los niños no deben tener celular antes de los 14 años.

hace 9 minutos
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  • La dificultad de centrarnos en un propósito

Por Carlos Enrique Cavelier - opinion@elcolombiano.com.co

Esta nota es basada en parte en una conferencia pronunciada por el dr Alexis Villamizar, MA, sobre Biopedagogía en el marco de la evaluación del programa de Mejoramiento de la Calidad de la Educación Pública en Cundinamarca esta semana con funcionarios de la Secretaría y de todo el equipo del proyecto.

Los seres humanos tenemos como ya es bien sabido un cerebro dividido en tres partes que interactúan permanentemente; efectivamente tenemos pensamientos abstractos en el sentido estricto y lo hacemos gracias al desarrollo que tuvimos del neocortex hace un par de millones de años; estos pensamientos saltan de ahí al cerebro límbico, que es nuestro cerebro mamífero, el cual define emociones como el amor o el cariño, afecto, el cuidar, el proteger, crea el sentido de clan, de comunidad, de familia y excluye también los que identifica como no ser los tuyos. Y finalmente saltan al cerebro reptiliano que es el lugar donde vienen las emociones más básicas como el miedo, la rabia, el stress, la sangre fría, la supervivencia: atacar defenderse, resistir y huir.

Normalmente los seres humanos operamos por nuestra contextura del desarrollo cerebral en un modelo “top down” que va desde ese neocórtex donde se generan nuestros propósitos y luego se conectan con el límbico surgiendo la pasión, el afecto, el placer para ir a la ejecución movidos por el proceso reptiliano que garantiza la supervivencia.

En ocasiones el estímulo se da al revés: es externo, nos genera una reacción, que activa el cerebro reptil con ese atacar defenderse, resistir y huir; y luego el límbico donde nos preguntamos si ese estímulo emocional nos gustó o no nos gustó; para llegar al neocortex que se pregunta ¿para que lo hice?, ¿cual fue el sentido de esta acción o reacción ? De ahí viene el adagio de “no tomar decisiones en caliente”.

Los niños con un celular son un ejemplo clásico del “down top” de la operación de su cerebro: el aparato les genera estímulos para que los ‘capturen’ y luego interactúen con ellos a través de las redes sociales; no genera criterio alguno y entra la IA a operar para meterlos, sin propósito propio, en los temas tendencia, generando un círculo vicioso. El mismo Marc Zuckerberg ha planteado que los niños no deben tener celular antes de los 14 años, pues es en este proceso de reptil a límbico que los estímulos llegan a generar adicción sin alcanzar a llegar al neocortex para generar un sentido de propósito. Los impulsos se quedan merodeando el cerebro reptil y el límbico a la espera de otro estímulo externo cuando no llegan se aburren, pues no tienen un sentido de propósito.

Por eso la Generación G podía mantenerse sin impuslos por un promedio de 3 horas pero la generación A ya no logra sino ¡15 segundos! En ese tiempo que demora para motivarse por un video o desconectarse y entrar en aburrimiento.

El lograr el sentido de propósito no es nunca un tema fácil: y para los jóvenes aún más difícil. El propósito seria (¿o era?), dentro de ‘la norma’ ser bachiller y luego hacer una carrera para continuar con una vida profesional exitosa. Ah fácil de decir... Luego una familia...y después un legado....lo difícil está en lograr darle un sentido a todo ello, que al final es la diferencian entre ser exitoso y ser feliz.

Coda: si el lector logró llegar hasta aquí, es porque encontró algún propósito en leer todo ello artículo.

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