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Empieza a moverse el tema electoral. Estamos a tiempo para hacer un buen seguimiento de los precandidatos y candidatos a Alcaldía, Gobernación, concejos y Asamblea departamental. Son tiempos de sumo cuidado, pues muchos candidatos con buenas capacidades histriónicas y de actuación ante los medios, podrán aprovechar cada aparición en la televisión para convencer con emociones y no con razones.
También el público debe estar atento, porque se empiezan a construir alianzas entre medios y candidatos, o entre periodistas y candidatos, para ejercer influencia ante la decisión del electorado.
En el caso particular del Valle de Aburrá, se debe tener en cuenta un progreso sostenible como región. Los 10 municipios no están separados y hace rato forman una zona que comparte los problemas más álgidos de vivienda, servicios públicos, seguridad, movilidad, empleo, contaminación del río y del aire.
Las zonas rurales de algunos de esos municipios están cada vez más afectadas: la construcción vertical desaforada está acabando con especies naturales y con nacimientos de aguas. No se puede permitir la deforestación de las montañas a manos de constructores que solo ven oportunidad de negocio (nunca piensan en el progreso de todos) ni la cada vez más extravagante pavimentación de las laderas.
Este valle está cada vez más asfixiado por la contaminación de todo tipo de carros, motos y buses; la calidad del aire empeora y no existe autoridad capaz de regular las emisiones de CO2, porque el problema de movilidad haría muy impopular a quien tome medidas en ese sentido.
El río Medellín es la cenicienta. De sur a norte es palpable la ineptitud de una autoridad que no logra controlar los vertimientos químicos permanentes.
Y el centro de Medellín, confluencia de todos los municipios del Área Metropolitana, es el recipiente de todos los problemas: desorden, inseguridad, ventas informales, proxenetismo, trata de personas, contaminación auditiva y del aire, basuras y un largo etc. Una mano muy firme deberá defender políticas duraderas en el tiempo y ejecutar acciones capaces de devolverle al centro el lugar que merece, como en cualquier ciudad importante del mundo.
Cómo necesitamos dirigentes con capacidad técnica, prestos a oír voces académicas y experimentadas y alejados de los baturrillos clientelistas. Personas nuevas, con la madurez, la capacidad y el carácter para enfrentar la leonera de aquellos que representan la vieja clase política llena de vicios, corruptelas y amistades peligrosas.
Hoy, como casi siempre al final de los mandatos democráticos, las quejas son estridentes. Pero estamos prontos a poder producir un cambio y no votar por aquellos que ya demostraron que el sentido de progreso, no está con ellos.