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Columnistas | PUBLICADO EL 05 septiembre 2021

Berrío, Antioquia y el río Magdalena

Por David Escobar Arango*david.escobar@comfama.com.co

“Es una pequeña ciudad que se podría describir como un lugar donde sucedieron cosas muy importantes, pero hace mucho tiempo”, dice Wade Davis sobre Puerto Berrío en su libro Magdalena. El 22 de enero de 1930, en ese municipio, el candidato Enrique Olaya Herrera inscribió oficialmente su candidatura para la presidencia de la República. Aunque algunos dicen que fue una maniobra para impedir una leguleyada que podría sacarlo de la contienda, otros lo ven como un poderoso acto simbólico en una de las ciudades más pujantes del momento. Ambas cosas pueden ser ciertas. En cualquier caso, no deja de tener valor que un político de esa estatura haya inaugurado oficialmente su campaña en esta población, fundada apenas en 1875, que desde los años 1920 vivía un auge económico y cultural inaudito para la época. ¿Hacemos una tertulia sobre el Magdalena y su relación con el desarrollo de Antioquia, sobre Puerto Berrío, el Magdalena Medio y su futuro?

Recuerdo que mi abuela decía, simplemente, Berrío. Suspiraba y miraba con sus opacos ojos grises hacia las montañas, detrás de las que, suponía, estaría el pueblo. Su biblioteca estaba llena de fotos y libros de Pedro Justo, el bisabuelo mítico. Desde su casa, en la margen izquierda del río Medellín, más abajo de Barbosa, señalaba la vía férrea, aún en uso en los años ochenta, y decía: “Siguiendo la carrilera está Berrío, en honor a Pedro Justo; una gran ciudad, con un ganado bonito y un río majestuoso. Pero ya no se puede ir, es muy peligroso”. El punto cúspide del Magdalena y de nuestro puerto en sus márgenes fue hacia la mitad del siglo XX. Luego llegaron la decadencia del tren y el declive comercial del río, y, con ellos, el aislamiento y la violencia.

“El río Magdalena no es solo la principal arteria del país, es la razón por la cual Colombia existe como nación”, escribe Davis. En su libro nos recuerda que este río es patrimonio natural, cultural, social y económico de los colombianos. El Magdalena encarna nuestra historia, fue el contenedor real y simbólico de nuestro asombro, auge y dolor en los últimos doscientos años. ¿Será que, por eso ahora, Colombia y su río nacional están destinados a renacer de la mano y que Antioquia debe asumir su responsabilidad en este resurgimiento?

Afortunadamente, en Puerto Berrío y el Magdalena Medio están emergiendo proyectos, ilusiones y optimismo. Aunque no han cesado del todo los problemas, los porteños parecen haber decidido superar las dificultades y confiar en el futuro. Crecen el emprendimiento agropecuario, industrial, comercial y turístico; las vías 4G los conectan con Medellín, el Caribe, Bogotá y el mundo. Tal vez, con innovación y alianzas público-privadas, podríamos terminar de catalizar el desarrollo, si logramos devolverle al río su capacidad de transportar carga y conectar sueños. En todo caso, la ciudad se siente viva, alegre y pujante, poco a poco sana sus heridas y resignifica sus espacios. Surgen expresiones culturales, mejoran los servicios educativos y sociales, se proyecta un malecón para caminar el ocaso y pronto tendrá su parque natural, La Samaria, pleno de agua, exuberancia y cantos de aves.

Hagamos nuestra tertulia, invitemos a líderes de la zona para que nos inspiren y leamos algunos fragmentos del libro de Wade, quien, casi al final, reflexiona sobre el nombre Magdalena, la vida de María Magdalena y su historia de justa redención. Magdala, señala, significa en Arameo “torre de fortaleza”. ¿Será que la fuerza natural, económica y cultural que buscamos los antioqueños fluye, de alguna manera, por este gran río, que también, nunca lo olvidemos, es nuestro río?

* Director de Comfama..

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