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La mirada de algunos adultos es imprecisa con respecto a las expectativas de una generación cuyos sueños van más allá de las plataformas, los likes y pantallas.
Por Andrés Restrepo Gil - opinion@elcolombiano.com.co
Víctimas del juicio corroído de los adultos, toda joven generación será víctima de las críticas persistentes de aquellos que han alcanzado, tras el paso de los años, la adultez. Con razones diferentes y justificaciones variables, las generaciones adultas hallaremos siempre buenos motivos para arremeter contra los comportamientos, los hábitos o las conductas de quienes se encuentran transitando por la etapa vital de la juventud. A menudo, estos juicios parten, giran y llegan a lugares comunes: los jóvenes son menos respetuosos, menos disciplinados, menos comprometidos. Son más propensos a la frustración, más inconstantes, más delicados.
Como cualquier reproche superficial, los reparos de algunos adultos sobre la vida de los jóvenes reducen las expectativas de estos a sueños comunes, homogéneos, exagerados. A veces, incluso, desesperanzadores. “Todos los jóvenes quieren ser youtubers” dicen unos. “Ahora desean todos ser influencers” dicen otros. En últimas, “ya no quieren estudiar”. Ni es verdad que no quieran estudiar, ni es verdad que todos quieran ser youtubers. Encasillar las expectativas inabarcables y heterogéneas de toda generación de jóvenes en un sueño ordinario de un solo oficio es tan improcedente como pensar que los sueños de una generación mayor pudieron haber cabido en un solo anhelo o en una única ilusión.
Lo usual es que tales ideas, a las que tan buena difusión se les ha ofrecido, se desajusten ante la realidad que nos insinúan ciertos datos y ciertas encuestas. Un par de ejemplos. La Encuesta de Opinión en Educación 2024, realizada por Empresarios por la Educación, nos indica que la gran mayoría de los jóvenes con quienes conversaron consideran que la educación es útil, además de importante. El estudio Jóvenes en sociedad, llevado a cabo por una alianza entre varias fundaciones y empresas, publicado a inicios del año 2026, demuestra que la gran mayoría de los jóvenes a quienes les preguntaron, consideran, aunque por razones diferentes, que la educación sí resulta valiosa e importante.
Esta última encuesta sugiere, además de lo que ya hemos mencionado, algo clave: las barreras para estudiar y educarse no se encuentran en la voluntad o falta de voluntad de los jóvenes. No hay algo así como una ausencia de voluntad que impide a los jóvenes ingresar a la universidad o continuar sus estudios. Como bien nos lo indica este estudio y como se ha demostrado desde hace años, muchos jóvenes viven en circunstancias que limitan de múltiples formas y por múltiples frentes la posibilidad de completar sus trayectorias educativas. La ausencia de recursos económicos suficientes es una de estas situaciones. Centros educativos lejos del hogar o la obligación de ocupar la atención y el tiempo en el trabajo son otras. Reunidas o no, estas circunstancias se posicionan como un muro entre querer estudiar y poder hacerlo.
Todo cuanto hemos dicho debería ser un indicio para empezar a creer que la mirada de algunos adultos es imprecisa con respecto a las expectativas de una generación cuyos sueños, lejos de ser convencionales, van más allá de las plataformas, los likes y las pantallas.