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Este resultado de medias tintas equivale a entronizar una pugna internacional que no contribuye en nada a la estabilidad.
Por Beatriz de Majo - beatrizdemajo@gmail.com
Dos comunicados separados de diferente calibre y ningún documento conjunto fue el resultado de la Reunión Cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump. Mucho más fue lo no resuelto que lo que consiguieron anudar entre los dos líderes planetarios.
En el terreno de los aranceles, los dos gobiernos, separadamente, hablan de acuerdo sobre US$30.000 millones en mercancías no sensibles en cada dirección, equivale a dejar para más adelante la disputa arancelaria.
Cada uno de ellos mira en una dirección opuesta: Washington habla de reciprocidad y de solucionar barreras de acceso al mercado chino. Pekín se refiere a igualdad y beneficio mutuo. Son mucho interrogantes abiertos y por ello se conviene en una nueva etapa para definir diferencias: ¿Cuál será el régimen arancelario permanente? ¿Qué ocurrirá cuando expire la actual tregua? ¿Hasta dónde está dispuesto Trump a reducir aranceles? ¿Y hasta dónde Xi a abrir el mercado chino?.
En tierras raras y minerales críticos tampoco apareció una solución conveniente a las partes. Mientras EE.UU. declara que seguirá trabajando en conseguir una apertura, la posición china en cuanto a su irreductible dominio sobre las cadenas de suministro fue rígida. La dependencia americana de los suministros chinos sigue intacta.
Un gran vacío se percibe en la pugna tecnológica, donde la rivalidad tiene carácter estructural. Ni el asunto referente a la venta de chips chinos a EE.UU., ni las restricciones de este país a las tecnologías de fabricación de semiconductores, a la inversión y a la transferencia de tecnologías, consiguieron avances ni menos acuerdos. La competencia por el liderazgo tecnológico quedó postpuesta.
Las diferencias que hay sobre Irán y su rol dentro de la paz mundial subsistieron, aunque es manifiesta la coincidencia en que Irán no debe disponer de armas nucleares. China continúa en su posición de no endurecer sanciones o reducir sus compras de petróleo. De allí que no existe una convergencia estratégica que aporte algo a la solución del conflicto.
Tampoco hubo un compromiso chino en la guerra de Rusia contra Ucrania. El asunto produjo intercambio de ideas, pero no más. China no se encuentra en posición de asumir un compromiso de influencia sobre Moscú.
Lo más flojo del encuentro es en lo militar donde apenas cada gobierno anunció que sus Fuerzas Armadas van a trabajar para que, en el futuro, se concluya un acuerdo de prevención de crisis. Si nos detenemos a imaginar las amenazas militares que el planeta enfrenta o pudiera enfrentar, además de irresponsable, esta posición bilateral es anodina o banal.
Entre lo pendiente queda un tema delicado: Taiwán. La Casa Blanca ni siquiera lo menciona en el balance. Según el comunicado chino, Pekin sí exigió a Washington que se oponga a la independencia de Taiwán. Tanto Xi como Trump estuvieron prestos a bajar la temperatura a sus diatribas pero nunca existió la intención de resolverlas. Para el resto del mundo este resultado de medias tintas equivale a entronizar una pugna internacional que no contribuye en nada a la estabilidad que es deseable para el desarrollo de las relaciones globales.