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¿Son comparables las distintas campañas presidenciales?

Casi ningún campo habla de los abstencionistas, que podrían ser los decisores.

hace 4 horas
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  • ¿Son comparables las distintas campañas presidenciales?

Por Alejo Vargas Velásquez - vargasvelasquezalejo@gmail.com

Algunos analistas coinciden en señalar aspectos de anteriores campañas presidenciales que podrían incidir -positiva o negativamente- en la actual competencia electoral. Repasemos algunos de ellos.

Los partidos políticos tienen mala imagen en sectores de la opinión, pero, lo que ha mostrado hasta el momento el actual proceso electoral es que los candidatos que lideran son quienes están ligados a los dos partidos políticos mayoritarios, Pacto Histórico y Centro Democrático, el uno de la izquierda -¿extrema?- y el otro de la derecha -¿extrema?-; las propuestas de centro no ligadas a ningún partido político no tuvieron ninguna opción real -hasta el momento-. Las propuestas sin ningún tipo de apoyo partidista no parecen tener perspectivas interesantes; con frecuencia se menciona el caso del exalcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández, pero esa candidatura tuvo el apoyo del movimiento político que apoyó al alcalde Rodolfo en su aspiración a la alcaldía. Es decir, es muy importante el papel y protagonismo del candidato -posteriormente con su fórmula vicepresidencial-, pero debe estar acompañado del aparato político -pequeño, mediano o grande- que lo soporta y que lo ha ayudado a su actividad proselitista.

Solo en casos excepcionales -la primera elección de Alvaro Uribe con el apoyo de su movimiento Primero Colombia- una candidatura puede aspirar a triunfar en primera vuelta de la elección presidencial, por varias razones: i) proliferación de aspirantes y la consiguiente fragmentación de los electores; ii) inexistencia de una fuerza política ampliamente mayoritaria o hegemónica que movilice a los electores hacia un aspirante. Por eso se plantea como desafío la necesidad de ganar los votantes del llamado centro -que en la mayoría de los casos son más votantes indecisos- y el desafío es cómo ganar esos potenciales votantes para una segunda vuelta -que o votaron por otra opción o no participaron en primera vuelta electoral-. Y ahí aparecen, en la tradición reciente colombiana, unos personajes políticos que podrían hacer esa tarea de atracción de potenciales votantes. Las estrategias son: acercar a partidos o movimientos políticos para que se sumen a una determinada campaña; buscar más personajes de esos que podrían atraer votantes de centro; o la estrategia de coaliciones, que fue lo ensayado por el actual presidente en su momento de candidato -eso hoy está desprestigiado por el uso y abuso del actual gobierno que solo ‘armó’ apoyos en el Congreso, transitoriamente, y sin compromisos programáticos serios, para que le aprobaran lo que él quería-; o acudir a una estrategia discursiva o demagógica que busque convencer a los indecisos. Repetir esa estrategia por medio de ‘Acuerdos Nacionales’ es poco creíble.

La estrategia continuista, es apoyada por unos sectores y rechazada por otros. El actual mandatario, una vez elegido, sacó su discurso de la ‘lucha de clases’ y enfatizó que este gobierno era para apoyar a los sectores ‘populares’, pero resulta que un presidente se elige para gobernar para todos los ciudadanos, no solo para unos sectores. Eso dificulta las propuestas continuistas; en contraposición igualmente se critica a los que proponen retornar a modelos del pasado que beneficiaron a unos, pero no a otros. Esa será una disyuntiva compleja electoralmente.

Casi ningún campo habla de los abstencionistas, que podrían ser los decisores.

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