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¡Cayó la dictadura!

05 de enero de 2026
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  • ¡Cayó la dictadura!
  • ¡Cayó la dictadura!

Por Alejandro de bedout arango - opinion@elcolombiano.com.co

El 3 de enero del 2026 amanecimos distintos. Colombia despertó con un nudo en la garganta y un mensaje repetido: Venezuela libre. Del otro lado de la frontera, Nicolás Maduro ya no manda. Aquí lo sentimos, porque la tragedia venezolana nunca fue ajena. Llamamos a amigos que tuvieron que irse sin querer y respondieron llorando, incrédulos. La horrible noche —que obligó a millones a dejar su casa, su empresa y su vida— terminó por la dignidad de un pueblo que resistió.

La caída del chavismo no es solo el final de un tirano. Es el colapso de un sistema entero, sostenido sobre elecciones robadas, opositores presos, jueces convertidos en instrumentos políticos y un Estado al servicio de la represión. La historia hablará de una victoria cívica. Este momento duele y alegra al mismo tiempo. Gana la gente común, la que se fue sin querer y la que se quedó sin poder hablar.

Este hecho interpela de manera directa a Colombia. El proyecto político que hoy gobierna nunca ocultó sus referentes. Gustavo Petro expresó durante años admiración por Hugo Chávez y por la ruptura que prometía. Maduro fue su heredero natural. Hoy, con la dictadura derrotada, ese modelo queda expuesto: concentración de poder, debilitamiento de las libertades y una peligrosa tolerancia con actores armados ilegales.

Nada de lo ocurrido fue espontáneo. Existió un plan regional sostenido por silencios cómplices y respaldos ideológicos. Hubo quienes legitimaron al régimen mientras encarcelaba opositores y cerraba medios. En Colombia, esa indulgencia tuvo nombres propios y consecuencias concretas para la seguridad. La frontera se convirtió en santuario. El ELN y las disidencias de FARC encontraron refugio, rutas y economías ilícitas bajo el amparo del chavismo. La cocaína salió por el Caribe, el oro ilegal financió la violencia y las armas circularon con impunidad.

El vínculo político existió. Piedad Córdoba fue el puente entre Caracas y Bogotá, una agente de influencia que maquilló al régimen mientras gestionaba intereses. Iván Cepeda, desde una trinchera intelectual y diplomática, defendió a Venezuela como garante cuando la evidencia de la tragedia humanitaria exigía otra postura.

Pero este no es solo un tiempo de cuentas; es un tiempo de esperanza. María Corina Machado habló de la hora de la libertad y de la justicia internacional. Al reivindicar la voluntad popular expresada en las urnas, Venezuela se organiza para una transición que devuelva la Constitución y libere a los presos políticos. Edmundo González encarna esa legitimidad que el autoritarismo quiso sepultar. Volverán los exiliados. Volverá la democracia. Volverá la vida. Defender la democracia venezolana es defender la nuestra.

La caída del chavismo cerró un capítulo, pero abrió una discusión ineludible en Colombia. Obliga a responder con honestidad una pregunta: ¿qué representó ese modelo que algunos defendieron como alternativa? Para Colombia, este momento es advertencia y compromiso. Ningún proyecto que admire o relativice dictaduras es compatible con la democracia. El compromiso es acompañar a Venezuela como nación hermana, sin silencios cómplices ni ambigüedades.

Con la caída del régimen se desplomó un altar político en Colombia. A Gustavo Petro y a Iván Cepeda se les cayó un ídolo. Cayó la dictadura. Que caiga también la indiferencia. Venezuela despierta y Colombia entiende, por fin, que su libertad y la nuestra siempre estuvieron unidas.

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