De acuerdo con Óscar Cubillos, jefe de planeación y asuntos económicos de Fedegán, la apertura del mercado chino representa un enorme potencial para el sector ganadero colombiano, pues se estima que las exportaciones a China podrían alcanzar hasta 50.000 toneladas anuales, generando importantes beneficios económicos para el país.
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Por ahora, se espera que en las próximas semanas se anuncie también la habilitación de los demás frigoríficos que enviaron la documentación a las autoridades sanitarias.
Las condiciones que impone China
Lograr este hito no ha sido fácil. Según Fedegán, desde 2011 Colombia ha venido trabajando arduamente para cumplir con los exigentes requisitos sanitarios exigidos por China, superando desafíos como la pérdida del estatus sanitario como país libre de fiebre aftosa y la falta de voluntad política.
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Fue después de una larga gestión diplomática y técnica rigurosa que se lograron establecer relaciones sólidas con las autoridades chinas, y demostrar el alto nivel de calidad e inocuidad de la carne colombiana.
Y es que el gigante asiático es bastante exigente a la hora de importar carne bovina.
Por ejemplo, la carne que aceptará desde Colombia debe ser deshuesada y congelada. Mientras que subproductos como la carne molida, o despojos como las vísceras, no podrán ser enviados.
De otro lado, las empresas colombianas de sacrificio, elaboración y almacenamiento que exporten carne vacuna congelada a China deberán estar ubicadas en zonas libres de fiebre aftosa, bajo la supervisión de las autoridades.
El ganado bovino también debe cumplir con ciertos criterios, como nacer, criarse y sacrificarse en una zona libre de fiebre aftosa en Colombia. Los ejemplares deben estar identificados con un código único que permita rastrearlos hasta la finca donde fueron sacrificados, utilizando un sistema de trazabilidad oficial y eficaz.
Además, los animales no pueden ser alimentados con harina de carne y huesos derivada de rumiantes. En cuanto a los contenedores, cada uno de ellos debe ir acompañado de un certificado sanitario veterinario (en chino, español e inglés) que demuestre el cumplimiento de todas las normativas.
Competitividad y sostenibilidad, los retos
Si bien ya podrá enviarse carne a China, el dinamismo en la exportación dependerá del comportamiento del mercado. Lo que marcará la diferencia es que Colombia sea más competitivo frente a grandes competidores como Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina.
Y aunque el consumo per cápita anual de carne bovina en China es de 8 kilos, mucho menor que el de Colombia (17,1 kilos), el acelerado proceso de urbanización de su población rural, el aumento de la clase media y la occidentalización de sus hábitos alimentarios haría que este aumente, al menos, 1,4% cada año, reemplazando cada vez más la proteína de cerdo por la de res.
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Por esto, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que el país asiático podría aumentar hasta un 15,6% sus importaciones de carne vacuna. De hecho, en 10 años, pasó de importar 300.000 toneladas anuales a más de 2,7 millones.
En este sentido, uno de los retos que tiene Colombia es incrementar su oferta exportadora, aumentando la producción de carne, pues para abastecer al gran mercado asiático se requerirían 140.000 toneladas de carne adicionales.
Bajo este escenario, lo que preocupa es cómo Colombia podría triplicar sus exportaciones en tan poco tiempo y sin impactar la biodiversidad o aumentar deforestación.
Al respecto, desde Fedegán aceptan que la trazabilidad en la industria ganadera se considera problemática, con una cadena de intermediarios que dificultan la identificación de la fuente original del ganado.
Para combatir esto, varias entidades han comenzado a implementar el Sello Ambiental Colombiano (SAC) como medida para promover la ganadería sostenible.
“Hemos logrado mejorar el sistema de trazabilidad (con la implementación del SAC). Aspiramos a que en el curso de los próximos meses el país pueda tener plena certeza de la procedencia de la carne”, aseguró José Félix Lafaurie, presidente de Fedegán
Desde la óptica de Cubillos, una primera meta respecto al hato es regresar a la cantidad de ganado que se tenía por habitante a mediados del siglo pasado —es decir, un bovino por persona—.
“Volver a esa equivalencia actualmente (que sería 50 millones de bovinos), es posible de lograr y superar preservando la naturaleza, a partir de sistemas silvopastoriles intensivos, con mayor captura de carbono y menores emisiones de gases de efecto invernadero”, anotó.