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¿Por qué la gente vive cerca a los volcanes?

70% de la población colombiana vive cerca a ellos para aprovechar sus tierras más nutritivas.

  • Estas estructuras geográficas pueden emitir ceniza, vapor, humo, lava y demás productos. Foto: Nevado del Ruiz. Colprensa.
    Estas estructuras geográficas pueden emitir ceniza, vapor, humo, lava y demás productos. Foto: Nevado del Ruiz. Colprensa.
  • FOTO sstock
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29 de septiembre de 2021
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El planeta está vivo. ¡Y que no se le olvide! Él mismo se lo recuerda con un terremoto, un huracán o la explosión de un volcán como el Cumbre Vieja, aún activo en La Palma, isla canaria en España. Esas corrientes eternas de roca ardiente, vapor envenenado y latidos de fuego son como la sangre de un corazón que late .

La Tierra tiene 1.359 volcanes activos que tiene registrados el Programa Global de Vulcanología del Smithsonian. Colombia, por su parte, montañoso y geodiverso, no se queda atrás. Su vitalidad la demuestran por lo menos 38 volcanes según el Sistema Nacional de Información para la Gestión del Riesgo de Desastres, 15 de ellos en actividad.

Un país en actividad

Hugo Fernando Murcia Agudelo, doctor en geología y docente de la Universidad de Caldas, explica que el país tiene los dos tipos reconocidos: los poligenéticos, que hacen erupciones muchas veces en cientos y miles de años como el Nevado del Ruiz o el del Tolima, y los monogenéticos, que hacen una erupción una vez que dura meses, años o hasta décadas, como el cerro Sancancio en Manizales, o la Laguna de San Diego, igual en Caldas.

Los poligenéticos son, entonces, activos, que han tenido algún tipo de actividad o ha emitido algún producto (vapor o ceniza) en los últimos 10.000 años(ver Antecedentes).

De acuerdo con Felipe Lamus Ochoa, profesor instructor de la Universidad del Norte de Barranquilla en Física y Geociencias, Colombia está situada donde hay una unión de placas tectónicas: “La de Sudamérica donde está el continente, la de Nazca que está subduciendo por debajo del Pacífico, y la del Caribe. Esa interacción entre placas produce la geodiversidad del país” y su actividad volcánica.

Agrega Modesto Portilla Gamboa, geólogo y profesor en Volcanología de la Universidad Nacional, que “a diferencia de otras partes, los volcanes se generan a partir de zonas de subducción, en la que una capa oceánica, como pesa más, se hunde por debajo de la corteza continental y genera las montañas volcánicas que se presentan a lo largo de la cordillera central”.

El resultado, continúa, es una cadena de volcanes que comienza en el sur, como Cerro Negro, subiendo hacia el norte por el Galeras, el Nevado del Huila, el Cerro Machín o los volcanes de lodo.

¿Hay algunos más peligrosos? ¿Podría pasar en Colombia lo mismo que en La Palma? Murcia considera que es difícil definir los más peligrosos. “Se puede hablar de la explosividad, y sí tenemos unos muy explosivos como aquellos con más presencia de sílice como Cerro Bravo en Tolima, Cerro Machín y Doña Juana en Nariño, pero sobre todo podrían ser una amenaza dependiendo de la cantidad de poblaciones cercanas”.

¿Vivir cerca de ellos?

La mayoría de la población colombiana vive cerca de los volcanes: 70 % según el Sistema Nacional de Información para la Gestión del Riesgo de Desastres (en coordilleras, por ejemplo).

Según Murcia, esto ocurre porque los volcanes, al igual que las personas, se ubican en las cordilleras ya que son los suelos más llenos de nutrientes y fértiles.

Esto no es casualidad. Se trata de un proceso conocido como meteorización que, lo que indica según Portilla, es que los productos del volcán (sean cenizas, partículas, vapores o lava), terminan enriqueciendo la tierra.

Murcia dice que las partículas finas, por ejemplo, son transportadas por el viento hasta los suelos.

Esa lava o ceniza o producto, cuando está dentro del volcán, tiene elementos químicos estables, solo que cuando llegan a la superficie reaccionan con el oxígeno, se oxidan, se hidratan y “generan hidrólisis, se descomponen, crean arcilla, tierra, con condiciones precisas para la vida de microorganismos, algas, hongos, que se vuelven comida y energía”, explica Portilla.

Es decir que de un volcán en actividad, que constantemente emite cenizas, vapor, partículas o lava, puede surgir vida a partir del contacto con el exterior.

Sin embargo, explican los expertos, el proceso en el caso de la lava es diferente porque esta no es particulada, no viaja en el viento, y son rocas ardientes que tardan en enfriarse, por lo que sí puede dejar tierras infértiles e inutilizadas por largos periodos de tiempo.

Cuando esa lava lo cubre todo, precisa Portilla, se necesitan décadas, por lo menos 20 y hasta más de 100, para recuperar los nutrientes y las propiedades fértiles. Dice que en el trópico como Colombia, donde “la temperatura de la zona tórrida, la lluvia, el ambiente, son propicios para la meteorización rápida”, la tierra se demora entre 20 o 30 años, pero que en Islandia o Japón, de climas diferentes, podrían ser cientos.

Vivir cerca de un volcán es entonces una cuestión de decisión; unas por otras, como dicen. Son las tierras más fértiles, pero el peligro se mantiene. Estar muy cerca del cráter, por ejemplo, es un riesgo pues ahí están los ácidos y vapores que emite, que son tóxicos, mortales, afectan los sistemas y tejidos, “pero lo bueno es que las poblaciones no se asientan tan cerca del cráter”, puntualiza Murcia. Estar muy cerca, dice Portilla, sería como estar viviendo detrás de un bus o inhalando un veneno de forma permanente.

Tal como en el caso de La Palma, en España, donde no hubo víctimas humanas, la gestión del riesgo es muy efectiva y ha demostrado que se puede predecir, hasta cierto punto, la actividad para evacuar.

El monitoreo de toda la cadena volcánica del Servicio Geológico Colombiano permite casi que saber en qué momento hay alteración y actividad y aunque no se sabe exactamente cuándo ocurrirá un evento de erupción, sí es posible hacer alertas tempranas. y aproximaciones .

¿Cuándo volver a poblar La Palma?

Ya van exactamente 10 días desde que la lava del volcán Cumbre Vieja en la isla canaria comenzó a alcanzar hectáreas y no ha parado, aunque sí ha reducido su actividad.

Hasta ahora, van 258 hectáreas cubiertas y 686 edificaciones alcanzadas por la roca ardiente. Ahí, dice Murcia, se tiene evidencia de que habrá o podría haber nuevas erupciones, por lo que es peligroso si quiera estar cerca.

¿Podrán alguna vez volver? ¿Es posible, simplemente, retirar esa lava una vez todo cese? Murcia añade que no, no se puede remover, “porque es demasiado material y la roca es mala conductora de calor, por lo que estará ardiendo por mucho tiempo, años”.

No hay nada qué hacer más que aprovechar la zona de otras formas, “con turismo científico o geoturismo”, por ejemplo, o para calentar agua, pero no para asentarse.

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