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Otro reto de Medellín: ¿del Valle del Software al Valle de la Energía?

La ciudad se consolidó en los últimos años como uno de los ecosistemas pioneros de innovación en el país. Algunos proponen volcar ese potencial a la energía. ¿Es viable?

  • Descripción: Operarios de Empresas Públicas de Medellín EPM, realizan labore sobre líneas de energía de la ciudad. Foto: Julio César Herrera
    Descripción: Operarios de Empresas Públicas de Medellín EPM, realizan labore sobre líneas de energía de la ciudad. Foto: Julio César Herrera
hace 55 minutos
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Hace más de dos décadas Medellín fijó la meta de convertirse en el corazón de la innovación en Colombia. Así como Silicon Valley se convirtió en la cuna que hizo posible el florecimiento de los gigantes tecnológicos de Estados Unidos, muchos de ellos nacidos a base de ingenio en garajes e instalaciones pequeñas, la capital antioqueña persigue el sueño de transformarse en un lugar propicio para la aparición de startups y un polo de atracción para emprendedores de los nuevos ecosistemas digitales.

A lo largo de los años esa estrategia ha recibido múltiples nombres y ha tenido como motor varias entidades y programas.

En la década de 1990, los primeros fueron los expertos y líderes empresariales de la Cámara de Comercio de Medellín, quienes preocupados por el retroceso de las grandes industrias tradicionales —las mismas que hicieron en el siglo pasado que Medellín pasara de ser un pueblo a una gran ciudad— sembraron la semilla de lo que se convertiría en la política pública de Ciudad Clúster.

El espíritu de la idea era que la capital antioqueña pasara de ser una ciudad industrial a una proveedora de servicios basados en el conocimiento y la competitividad internacional.

Tantos años de trabajo han rendido frutos.

Por ejemplo, pese a tener una población más pequeña, Medellín ha logrado competirle a Buenos Aires o Ciudad de México para consolidarse como un ecosistema para la innovación y el desarrollo de empresas de base tecnológica.

No es gratuito que por esta razón Ruta N se convirtiera en el hogar de uno de los 22 centros para la Cuarta Revolución Industrial (C4ir) de la red liderada por el Foro Económico Mundial o que la ciudad abandonara su denominación de municipio y se convirtiera en el primer Distrito de Ciencia, Tecnología e Innovación del país.

Con la vista puesta en ese potencial, cada vez son más las voces que proponen que la ciudad se vuelque en una cruzada parecida, pero esta vez para convertirse en una de las capitales de la energía de Latinoamérica.

La idea no es descabellada y se fundamenta en la conjunción de varias ventajas tanto del Distrito como del departamento de Antioquia, que en el último medio siglo se consolidó como el principal generador de energía en el país, a tal punto que es también el lugar en el que los jugadores más importantes de ese mercado, como XM, ISA, EPM, entre otros, tienen sus centros.

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“La tesis es simple: Medellín debe posicionarse explícitamente como el Energy Valley de América Latina. No como complemento del Valle del Software. Como apuesta principal”, explicó Darío Palacio, columnista de EL COLOMBIANO, quien a comienzos de este año lanzó la propuesta al agua en un ensayo provocador: Olvidémonos de ser Silicon Valley: por qué Medellín debe ser la capital energética de Latinoamérica. En su propuesta, Palacio resalta que en Antioquia está concentrado el 43% de las centrales hidroeléctricas del país y están teniendo lugar interesantes desarrollos en ese campo.

Pero, entonces, ¿qué tan viable es la idea?

Antioquia, potencia energética

El primer paso para analizar el tema arranca por repasar la historia de Antioquia y su consolidación como la principal potencia energética del país, en un proceso que tardó más de un siglo.

Si bien en Medellín la primera bombilla se encendió el 7 de julio de 1898, producto de una incipiente planta hidráulica de 500 kilovatios impulsada por la quebrada Santa Elena, no fue hasta la década de 1920 en que se empezó a pensar en grandes proyectos.

Tras varios años en los que grandes empresas como Rosellón, Fabricato y múltiples curtiembres se alimentaran con pequeñas centrales propias, fue en 1929 que la Empresa de Energía de Antioquia se embarcó en la construcción de Guadalupe I, la primera central del departamento con una capacidad de 10.000 kilovatios.

Infográfico
Otro reto de Medellín: ¿del Valle del Software al Valle de la Energía?

Luego vinieron Guadalupe II, Riogrande I y después apareció EPM, que se echó al hombro Troneras, Guadalupe III y Guadalupe IV. Más adelante la región se embarcó en su primer embalse de gran envergadura y construyó la central de Guatapé.

Esos esfuerzos hicieron que EPM pasara de ser una simple empresa de servicios —como bien puede tenerla cualquier otra ciudad— a un jugador de peso en el negocio de la energía en Latinoamérica.

En su más reciente informe de sostenibilidad, la empresa señalaba que tenía a más de 17.600 empleados y una capacidad efectiva neta de generación de 4.785 MW (megavatios).

Sin embargo, el potencial de la región en energía no se reduce a esa materia. Tal como lo resalta Palacio, Medellín se convirtió en la sede principal del Grupo ISA, la estatal que maneja las líneas de transmisión en el país y está a cargo de más de 46.000 kilómetros de circuitos. La ciudad también es la sede de Isagén, ahora en manos de privados, y es el lugar en el que se asentó XM, empresa encargada de operar el sistema interconectado y administrar el mercado de la energía mayorista. También fue la cuna de Celsia, filial del Grupo Argos que tiene 44 plantas de generación.

Palacio anota que este ecosistema empresarial se completa con firmas expertas en la provisión de equipos (tales como cables, transformadores y artefactos necesarios para las diferentes etapas de la producción, transmisión, distribución y comercialización de energía), consultoras especializadas en el sector (que se encargan de hacer diseños de obras o supervisan diferentes momentos del servicio), constructoras especializadas y hasta emprendimientos de vanguardia de energías alternativas.

En este último renglón no solamente se destacan los proyectos financiados por las gigantes energéticas de la región —como EPM con sus proyectos de hidrógeno verde en investigación—, sino una academia con conocimiento acumulado, y otras empresas emergentes como Atera (nacida en Celsia, pero que vio la luz con el apoyo de Brookfield), Hybrytec, Evolution/OPEX, entre muchas más.

¿Para qué un valle de la energía?

Es en este punto en el que se mezcla el trabajo acumulado con la oportunidad. Durante los últimos 30 años, la aparición de los emprendimientos de base tecnológica han disparado el consumo de energía en todo el mundo.

En 2020, los investigadores Hannah Ritchie, Pablo Rosado, y Max Roser advirtieron que el consumo global de energía ha aumentado prácticamente todos los años durante más de medio siglo, salvo algunas excepciones como la crisis financiera de 2009 y la pandemia por la Covid-19.

Este aumento en el consumo ha generado además una disparidad extrema entre países. Por ejemplo, un habitante de Islandia, Canadá, Estados Unidos, Omán, Arabia Saudita y Catar llega a consumir hasta 100 veces más que una persona en los países más pobres, calcularon los investigadores.

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Este incremento del consumo también se asocia a la masificación de los dispositivos electrónicos. La aparición de los automóviles eléctricos y el florecimiento de los datacenters —gigantescas centrales para el almacenamiento y procesamiento de datos— son otra muestra de la tendencia.

La propuesta de emprendedores como Palacio es que Antioquia le saque el mayor provecho a estos cambios en la economía.

Dentro de las propuestas que Palacio pone sobre la mesa está la creación de una zona económica especial para atraer datacenters a la región, de tal forma que estos complejos puedan aprovechar la energía hidroeléctrica que se produce en la región y, a su vez, puedan abastecerse de una energía limpia.

También se propone que la región metropolitana se convierta en un clúster para la innovación de energías limpias y de tecnologías como el hidrógeno verde, de tal forma que los emprendedores de la ciudad estén a la vanguardia mundial. En ese mismo frente, aparece la idea de impulsar la creación y el desarrollo de incubadoras especializadas en tecnología de energía, así como dar más oportunidades de formación de talento.

“Podemos ser algo mejor: el lugar donde América Latina produce, distribuye y exporta energía limpia para el mundo. Podemos ser Energy Valley”, propone Palacio.

Los proyectos que van en fila

Mientras el país se recupera de un periodo en el que el desarrollo de nuevos proyectos de generación se estancó, en Antioquia ya viene andando una estrategia de largo aliento para impulsar de nuevo ese mercado.

La punta de lanza de esa cruzada es EPM, que en noviembre del año pasado anunció el objetivo de aportar 2.100 megavatios nuevos al sistema en menos de cinco años, no solo provenientes de las unidades pendientes de Hidroituango, sino de pequeñas centrales hidroeléctricas y nuevos proyectos solares.

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