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Pequeña empresa, resiliente y cada vez con más retos

Se trata de un segmento cuyos empresarios ven la generación de empleo como su mayor aporte.

  • La pequeña empresa es resiliente pero busca ser más competitiva. FOTO: ARCHIVO
    La pequeña empresa es resiliente pero busca ser más competitiva. FOTO: ARCHIVO
17 de diciembre de 2020
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Según las cifras de la Asociación Colombiana de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (Acopi), las mipymes representan –con datos previos a la pandemia– el 96,4 % del tejido empresarial en el país, el 40 % del Producto Interno Bruto (PIB) y cerca del 81 % de los empleos formales.

Aunque el grueso del sector está compuesto por microempresas (93 %), las medianas y las pequeñas unidades productivas (3,4 %) no se quedan atrás e igualmente impulsan la actividad económica en medio de un contexto que ha traído diversas tareas.

Para el caso de las pequeñas organizaciones, que según establece el decreto 957 de 2019 son las que tienen ingresos anuales de entre 811 millones de pesos y 7.027 millones de pesos (si son manufactureras), o desde $1.131 millones hasta $4.523 millones (servicios), o de $1.535 millones a $14.781 millones (comercio), estos retos pasan por digitalizar, potenciar la relación con clientes, agilizar los procesos internos y abrirse paso a nuevos mercados.

Y es que detalla Camilo Fernández de Soto, presidente de Colombia Productiva, solo tres de cada diez firmas tienen digitalizados sus procesos comerciales, mientras que tan solo una de cada diez vende sus productos o servicios en línea.

Los datos proporcionados por el experto se basan en una encuesta a 400 firmas y reflejan, además, que solo cuatro de diez soportan los procesos logísticos a través de tecnología, en tanto que el 69 % afirma que las comunicaciones con sus clientes se siguen adelantando de manera presencial, lo que evidencia las tareas digitales pendientes.

96,4 %
del tejido empresarial representan las mipymes, según Acopi.

Resiliencia

Pese a todos estos retos, la pequeña empresa vio en 2020 una oportunidad para transformarse y recoger enseñanzas que la impulsen a futuro. “En este año de pandemia aprendimos a dejar a un lado la planeación estratégica y empezamos con improvisación estratégica. Si nos dejaban abrir tres días, trabajábamos esos tres días como si fueran siete; y si nos permitían operar cuatro, lo hacíamos como si fueran diez”, detalla Oswal Ramírez, gerente de Estanterías Metálicas Medellín, compañía con ocho años en el mercado.

Lo que dice es lo que a su modo de ver fueron las oportunidades que trajo la emergencia por la covid-19, que provocó que la economía nacional cayera 15,7 % y 9 % en el segundo y tercer trimestre, respectivamente, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane).

“Empezamos a producir lo que dictaban las necesidades del mercado. La gente estaba buscando escritorios para las casas y góndolas de supermercados, que comenzamos a generar en gran cantidad”, ejemplifica Ramírez, quien dice que originalmente su empresa se dedica a fabricar estantería y silletería universitaria, entre otros artículos.

Y aunque admite que los retos como compañía pasan por ampliarse y generar más puestos de trabajo, así como escalar al comercio electrónico, exalta que en cualquier caso la parte digital se ha venido fortaleciendo al igual que el empleo. “Tenemos 16 trabajadores directos y otros tercerizados, y a noviembre la facturación es de más de 1.600 millones de pesos”, asegura el empresario antioqueño, para quien el principal aporte del sector privado es, justamente, la creación de plazas laborales.

0,37 %
de las empresas creadas en 2019 fueron pequeñas firmas: Confecámaras.

El factor diferencial

Además de generar empleo, la pequeña empresa también figura por brindar oportunidades de vida y eso es lo que resalta José Iván Arteaga, quien es el gerente de Bebés Estrella, unidad productiva que se dedica a la confección de ropa para la primera infancia.

“Vendemos sueños, oportunidades, transformación y seguridad”, dice Arteaga, quien manifiesta que las prendas que comercializan son confeccionadas por internos de la Cárcel Bellavista, de Bello, en el norte del Valle de Aburrá.

La firma, que opera desde 2015 y además ayuda a madres cabezas de familia mayores de 60 años, empezó con un préstamo de 500.000 pesos y dos máquinas de coser y hoy contribuye con la resocialización de hasta 30 reclusos a quienes remuneran por sus servicios. El legado que quiere dejar es el ejemplo de que vale la pena dar una segunda oportunidad a todas las personas, que pueden “dar una mano” a la sociedad, asegura Artega.

El gerente de la firma de confecciones cree, al igual que Ramírez, que otro aporte fundamental del empresariado es el empleo. Asegura que en el caso de Bebés Estrella son 10 los colaboradores –además de quienes confeccionan en Bellavista– y que en lo corrido del año las ventas han crecido entre 20 % y 30 %.

Además, menciona que la capacitación constante es el reto para este sector económico. Agrega que la competencia desleal y la llegada de mercancía no legalizada es otro de los factores con los que deben lidiar y sobreponerse, además de trabajar en mejorar la competitividad a través del manejo adecuado del capital y los costos para “competir contra el contrabando”.

Para Arteaga, la premisa fundamental para quienes quieran triunfar emprendiendo es “nunca quedarse solos”, conocer el sector en el que vayan a operar, buscar ayuda de quienes tienen más experiencia en este mundo y a fin de cuentas, tener una mentalidad ganadora para expandirse a través de alianzas.

84 %
De las firmas dice que la falta de demanda fue el principal obstáculo al iniciar: Anif.

Dar el salto

Si bien se trata de un motor que le da impulso a un mercado laboral que este año ha sido un ‘dolor de cabeza’ para el país por los 5,3 millones de empleos que se destruyeron tras la llegada de la pandemia, es también el escenario de miles de historias de vida y emprendimientos, a la pequeña empresa –y a la mipyme en general– la rodean condiciones difíciles de tiempo atrás como el hecho de que de cada 100 unidades que se crean en el país solo cuatro sobreviven y llegan al quinto año, según Acopi (ver Informe).

El dato preocupa si se tiene en cuenta que, por ejemplo, el año pasado, de las 309.463 organizaciones creadas en el territorio nacional, las microempresas (99,6 %) y las pequeñas sociedades (0,37 %) encabezaron los nuevos registros, de acuerdo con Confecámaras.

Pensando en las ya de por sí retadoras condiciones a las que se exponía el sector antes de la pandemia, y agregando las dificultades propias de la llegada del virus, lo que afirmó Rosmery Quintero, presidenta de Acopi, es que visualizando el ejercicio de 2021 se debe priorizar la tecnología en el presupuesto, y más allá de invertir en adquirir software, hacerlo en capacitar al personal en el uso de herramientas digitales.

Hablando de tareas a nivel país, más que empresarial, la experta anota que se necesita una reforma laboral con nuevas formas de contratación, empoderamiento de los trabajadores y que aumente y premie la productividad. Añade que también es hora de pensar en una estructura que ayude a que estas compañías empiecen a exportar aprovechando cadenas regionales como la Comunidad Andina o la Alianza del Pacífico.

Pensando en las condiciones a replantear para asegurar la subsistencia de estas organizaciones a futuro, un ejercicio interesante fue el que entre junio y agosto pasados hizo la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif), presidida por Mauricio Santamaría, que en un estudio con base en respuestas de 1.957 empresarios halló que para el 84 % la falta de demanda fue el principal desafío para poner en marcha su firma; para el 82 % fue el costo de insumos; y para el 76 % los altos impuestos (ver Antecedentes).

El reporte, titulado la ‘Gran Encuesta Pyme’ y realizado en conjunto con el Banco de la República, Bancóldex, el Fondo Nacional de Garantías (FNG) y el Grupo Banco Mundial, muestra también la gran ambición tanto de la pequeña como de la mediana empresa pese a la coyuntura, en el sentido de que el grueso del segmento (73 %) espera contar con entre 26 y 50 trabajadores dentro de cinco años.

Ahora, cuando las adversidades salen a flote, no hay dudas de que se trata de un renglón económico resiliente, pero para el que los retos siguen creciendo con fuerza

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