En pleno día de las elecciones presidenciales, el ambiente político en Argentina está tan enrarecido y crispado que hoy parece más fácil resolver la disyuntiva entre Diego Armando Maradona y Lionel Messi. A ese nivel está la puja que se decantará este domingo entre el ultraliberal y antisistema Javier Milei y el oficialista de tendencia peronista Sergio Massa.
Argentina ya ganó el Mundial y llegó al Olimpo del deporte, pero su economía toca fondo. Con el 40 % de los gauchos en condición de pobreza y una inflación del 143 % no hay fútbol que aguante. De allí la importancia del partido que se juegan hoy 35,8 millones de argentinos citados, obligatoriamente, a las urnas.
Si bien los sondeos le atribuyen una leve ventaja al “Peluca” –como apodan con humor a Milei–, esta segunda vuelta presidencial no deja de ser una reñida y muy apretada competencia que promete definirse con gol al último minuto.
Explosivo y ultraliberal
“¡De qué salto al vacío me hablan, si nos estamos yendo al mismísimo infierno!”, dijo Milei, de 53 años, este jueves durante el cierre de su campaña en Córdoba, considerada una de las trincheras más grandes del antikirchnerismo. Su proclama fue una respuesta –tan espontánea y explosiva como él–, ante las críticas por su forma excéntrica, radical y con un dejo de espectacularidad a la hora de hacer política.
Es la misma de la escuela de Donald Trump en Estados Unidos o Jair Bolsonaro en Brasil, explica el profesor argentino Rodolfo Colalongo, investigador especializado en el estudio del populismo y la política global. “Persiste un fenómeno en todo el mundo de descreimiento sostenido en la democracia que habilita la aparición de personajes como Milei”, asegura en diálogo con EL COLOMBIANO.
El favorito de los sondeos no tardó en acaparar titulares al lanzar propuestas como “dinamitar” el Banco Central, dolarizar la economía o acabar con la “casta política”. No menos controvertidas han sido sus posturas alrededor de las cuales no hay brecha salarial entre hombres y mujeres o que sean 10.000 y no 30.000 los desaparecidos durante la dictadura de Jorge Videla.
Si bien estuvo vinculado al sector privado toda su vida profesional, en 2015 su estilo confrontacional y furibundo lo llevó a la pantalla chica, donde no tardó en conquistar el ‘prime time’. Además, sus posturas económicas cada vez más radicales, combinadas con sus ataques frontales contra la clase política tradicional, lo graduaron rápidamente de outsider político en medio de una viralidad frecuente en redes sociales.
Una muestra de esa excentricidad iracunda –que retrata con creces a Milei– fue su símbolo de campaña durante primera vuelta: una motosierra, que representaba su discurso de recorte del gasto público. Sin embargo, en búsqueda de conquistar a moderados e incrédulos resolvió guardarla en segunda vuelta. Así, logró sumar a su cruzada al expresidente Mauricio Macri o Patricia Bullrich, quien quedó tercera en las elecciones de octubre pasado.
Impopular e inflacionario
En contraste, afincado en la política tradicional desde hace 30 años y haciendo campaña mientras dirige nada menos que el Ministerio de Economía, aparece Sergio Massa. El llamado a enarbolar las banderas del saliente gobierno de centro-izquierda de Alberto Fernández, es considerado uno de los responsables de la crisis económica que sigue ensañada con Argentina.
La desconfianza y el lastre del desprestigio que carga sobre sus hombros no solo responde a su rol como funcionario de gobierno, sino por representar al peronismo que durante los últimos 40 años ha llevado la batuta de la política argentina. Es abogado y tiene 51 años. Es consciente de que no convence a las mayorías. Por ello, insiste en que la otra vía es un “camino de violencia y daño”.
De allí que su gran apuesta sea la unidad nacional y la concertación, buscando desde esas premisas impulsar gasto público para robustecer la economía y la defensa irrestricta de la industria. “Es un hombre que, a los ojos del kirchnerismo radical, es neoliberal. Llegó a ser ministro con el guiño del peronismo para calmar a los mercados ante la volatilidad con los banqueros e inversionistas”, explica por su parte el profesor Manuel Alejandro Rayran, de la Universidad Externado.
A diferencia de Milei, Massa se muestra como un hombre de familia, moderado, ciertamente conservador pero de talante liberal y, muy especialmente, conciliador y abierto al diálogo. “Nada que venga del odio será bueno para la Patria. Lo nuevo es con el abrazo fraterno entre los argentinos (...) Ni Macri ni Cristina (Fernández). Esto no es entre ellos, votamos pensando en el futuro”, dijo esta semana.
Entre estos dos candidatos deberán escoger los argentinos este domingo. El próximo mandatario, quien asumirá por 4 años a partir del 10 de diciembre, arriba con varios desafíos inmediatos, como atajar la crisis económica y atender el descontento social. A diferencia de un partido de fútbol, hoy los argentinos pueden decidir y no quedar al vaivén de la suerte.