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Los casos de corrupción y la violencia utilizada por sectores oficialistas han perjudicado la imagen de un mandatario que podría sufrir una derrota hoy.
Hace un mes, cuando Evo Morales cumplía 10 años en el poder, casi nadie creía que su castillo podría desplomarse en cuestión de semanas, y menos a poco de que los bolivianos acudieran a las urnas a decidir si le permiten presentarse en campaña para aspirar a una segunda reelección.
La suerte parece ponerse en contra de quien detenta el poder, como si se tratara de la repentina caída de un imperio indígena milenario. Varios acontecimientos tienen al país en un estado de tensión, malestar y enfrentamiento que en los últimos cuatro días ha dejado seis muertos.
Desde el 22 de enero hasta hoy, día en que Bolivia decide en buena parte su futuro, el panorama impecable que veía Evo al mando de la nación se ha oscurecido para sus simpatizantes y se ha aclarado para sus detractores.
Un escándalo de corrupción que, a diferencia de los anteriores, lo implica directamente, lo tiene contra las cuerdas. El pasado 5 de febrero, el periodista Carlos Valverde reveló, con documento en mano, que el mandatario...