Nicolás Maduro no se sostiene solo: ni el poco apoyo popular que le queda y los bastiones del chavismo que sobreviven en una Venezuela dividida le son suficientes para mantenerse como mandatario. Su respaldo está en seis países, igual número de mandatarios y tres hombres dentro de Venezuela; un linaje, dos potencias extracontinentales y un político que se niega a dejar el Palacio de Miraflores.
Al proyecto del socialismo del siglo XXI de Hugo Chávez encontró salvavidas externos en forma de comunismo y un grupo de amigos entre los aliados del petróleo. En un bando están los países socios: China, la Cuba de los Castro y Rusia, en mayor medida, y Arabia Saudita, Irán y Turquía como partidarios emergentes. Nexos que demuestran que la crisis venezolana se convirtió en un ajedrez geopolítico.
En su país el mandatario de facto –quien tomó posesión en enero de este año, a pesar de que los comicios en los que se eligió son considerados como ilegítimos por la comunidad internacional y la oposición– está rodeado de una cúpula militar y tres altos mandos en su gobierno que le han permitido permanecer en Miraflores a pesar de las sanciones y las protestas.
Vladimir Padrino, ministro de Defensa y militar vieja guardia; Tareck El Aissami, ministro del Poder Popular, y Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) –institución creada por el oficialismo– el mismo hombre que cuando murió Chávez se pensó que sería su sucesor.
Así lo asegura José Arocha, teniente coronel (r) y expreso político. “Padrino es un enlace cercano a Rusia por las compras de armas, Tarek tiene compromisos con Siria e Irán, y Cabello, vínculos con el narcotráfico”. Arocha vive fuera del país. Después de lograr escapar de La Tumba -un centro de tortura del oficialismo- se convirtió en una voz de las injusticias del régimen ante instituciones como la Organización de Estados Americanos (OEA) y un testigo de la transformación en las Fuerzas Armadas (FA).
Al preguntarle sobre quiénes son los militares que lo mantienen en el poder, asegura que “las FA no existen como tal, por eso no hemos visto un alzamiento militar. Desaparecieron como entidad profesional. El poder lo tiene el alto mando de la revolución que actúa como órgano colegiado”: los que toman decisiones.