Este fin de semana se hizo oficial la reincorporación de Estados Unidos al Acuerdo de París, uno de los esfuerzos más significativos en el mundo por la lucha contra el cambio climático.
Con esta decisión, el país del norte deberá cumplir con una cuota en la reducción de gases de efecto invernadero, asunto que desestimó en julio de 2017 el entonces presidente Donald Trump, por considerar que ponía en desventaja la economía norteamericana (esa decisión solo se hizo efectiva el 4 de noviembre de 2020, en plena campaña presidencial).
Así las cosas, el sector energético de Estados Unidos deberá estar libre de contaminación para 2035 y pasar a una economía de emisiones cero para 2050.
“Hoy, como han escuchado y como saben, es absolutamente oficial: Estados Unidos vuelve a ser parte del Acuerdo de París. Y estoy orgulloso y satisfecho con este hecho, pero también supone una responsabilidad especial”, dijo John Kerry, enviado especial estadounidense para el clima, quien firmó la adhesión acompañado de su nieta, como símbolo del trabajo que su país entablará para proteger a las futuras generaciones.
Kerry también subrayó que Washington se reincorpora “al esfuerzo climático internacional con humildad y con ambición”, y advirtió que la lucha contra el calentamiento global está en “su década decisiva”, tras los “años perdidos” durante el anterior Gobierno de Donald Trump, y apuntó que se trata de una de las amenazas de seguridad “más complejas de la historia”.
La participación de Estados Unidos, el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero por detrás de China, es considerada como fundamental para cualquier intento de reducir las emisiones de CO2 y frenar el calentamiento global.