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“Reconstruir y hacer un Brasil para todos”: Lula

Tras ser investido por tercera vez presidente, Luiz Inácio Lula da Silva prometió reconstruir el país sobre las ruinas del legado de Bolsonaro.

  • “Reconstruir y hacer un Brasil para todos”: Lula
02 de enero de 2023
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50,9%
de los votos fueron para Lula da Silva. Bolsonaro le pisaba los talones con mínima diferencia.

Luiz Inácio Lula da Silva prometió este domingo “reconstruir” Brasil y reconciliar a sus compatriotas al acceder por tercera vez a la presidencia, una investidura marcada por la ausencia de su predecesor, Jair Bolsonaro.

Ya pasaron 20 años desde la primera vez que Lula da Silva llegó al poder. A sus 77 años volvió a proclamarse presidente junto a su vice, Geraldo Alckmin, al pronunciar su “compromiso constitucional” en el Congreso de Brasilia.

La ceremonia se inició con un minuto de silencio en recuerdo a Pelé y al papa emérito Benedicto XVI, ambos fallecidos esta semana a los 82 y 95 años, respectivamente.

Vestido con traje y corbata azul, Lula prometió en su primer discurso “reconstruir” el país sobre las “ruinas” del legado del ultraderechista Jair Bolsonaro.

“Vaciaron los recursos de salud, desmontaron la educación, la cultura, la ciencia y la tecnología, destruyeron la protección del medio ambiente”, dijo Lula, que también reafirmó su compromiso de reducir a cero la deforestación en la Amazonía.

“No hace falta derribar ningún árbol más”, dijo el mandatario, asegurando que esto no impedirá apoyar al poderoso sector agrícola de Brasil.

Contrario a la tradición, su predecesor no estuvo. Bolsonaro viajó el viernes a Estados Unidos, dos días antes de finalizar su periodo de gobierno.

Mientras tanto, a Lula lo arroparon una veintena de jefes de Estado, el mayor número para una toma de posesión en Brasil. Entre estos, figuraron los mandatarios de Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Honduras y Uruguay, además del rey de España, Felipe VI.

Ante la ausencia de Bolsonaro, el cacique Raoni junto a representantes de otras minorías y clases populares de Brasil fueron los encargados de entregarle la banda presidencial, una cinta de seda verde y amarilla bordada en oro y diamantes, que Lula recibió sin poder contener las lágrimas.

Acto seguido, Lula se dirigió a la mitad del electorado que no votó por él en el balotaje del 30 de octubre (50,9% de los votos ante 49,1% para Bolsonaro), un resultado que dio cuenta de una nación partida en dos: “No existen dos Brasiles. Somos un único país, un único pueblo”, dijo Lula. “Voy a gobernar para los 215 millones de brasileños (...) mirando hacia nuestro futuro luminoso y no por el retrovisor de un pasado de división e intolerancia”, aseguró.

Sin embargo, el presidente izquierdista tendrá desafíos inmediatos mayores a los que enfrentó en sus otras dos presidencias. Unos 30 millones de brasileños pasan hambre y la economía a duras penas logra recuperarse tras el golpe de la pandemia.

Precisamente, durante su primer discurso en el cargo, Da Silva se refirió a ese tema y prometió “rescatar” del hambre a 33 millones de personas y de la pobreza a 100 millones de personas, casi la mitad de la población del país.

“Nuestras primeras acciones apuntan a rescatar del hambre a 33 millones de personas y rescatar de la pobreza a más de 100 millones de brasileñas y brasileños, que soportaron la más dura carga del proyecto de destrucción nacional que hoy se cierra”, dijo Lula en su discurso en el Parlamento.

Lo cierto es que Lula tendrá que demostrar el rumbo del país en sus primeros 100 días al poder, “la victoria electoral fue apretada y enfrentará un país dividido con una oposición aguerrida. Necesita liderar un gobierno de pacificación y unión nacional”, explicó Leandro Consentino, politólogo del instituto Insper de Sao Paulo.

Pero desde ya el presidente Gustavo Petro le augura un “camino irreversible” de integración en América del Sur. Y es que, en octubre pasado, Petro dijo que los principales puntos de una agenda bilateral con Brasil serían el rescate de la selva amazónica y su investigación científica; el camino de una nueva política antidrogas “no violenta”; la red integrada de energía eléctrica de América con energías limpias, y la integración económica latinoamericana.

Al final, todas las ceremonias oficiales concluirán con una recepción que será ofrecida por Lula a las delegaciones extranjeras en el Palacio de Itamaraty, sede de la cancillería, vecina a las sedes del Parlamento y del Gobierno.

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