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El presidente sin votos que terminó en la cárcel

El exmandatario Michel Temer fue detenido y es acusado por beneficiarse de sobornos en medio del proceso Lava Jato.

  • Michel Temer, expresidente de Brasil. Foto: AFP
    Michel Temer, expresidente de Brasil. Foto: AFP
22 de marzo de 2019
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La investigación de corrupción conocida como Lava Jato sigue cobrando cabezas de presidentes en Brasil. Ayer, el exmandatario Michel Temer fue detenido a menos de tres meses de haber dejado el poder, acusado de corrupción, peculado y lavado de dinero.

Temer se convierte el segundo mandatario de este país detenido por el entramado de sobornos que inició en 2014 y que también tiene en la cárcel al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, condenado a 12 años de cárcel en abril del año pasado.

La captura de Temer se dio luego de que el juez séptimo federal de Río e Janeiro, Marcelo Bretas, aceptara las denuncias del Ministerio Público brasileño en contra del exmandatario, entre las cuales lo señala de haberse beneficiado y estar al tanto de sobornos pagados por las empresas que contrataron con la estatal Electronuclear.

Las denuncias provienen de las confesiones del empresario José Antunes Sobrinho, propietario de la empresa Engevix. Según su testimonio, pagó sobornos para adjudicarse un contrato en la construcción de la central nuclear Angra 3. Los receptores de los pagos habrían sido, según él, líderes del Partido Democrático Brasileño (MDB), del expresidente Temer.

Además, la Fiscalía acusó al dirigente político de ser el cerebro de una organización criminal que actuaría desde hace 40 años y habría desviado 473 millones de dólares de los recursos públicos por medio de coimas.

El juez Bretas dictó orden de captura preventiva contra otros siete sospechosos además de Temer, entre ellos el exministro Wellington Moreira Franco, aliado del partido del expresidente, quien según el Ministerio Público también habría estado al tanto de los sobornos.

Entre la justicia y la política

La detención de Temer y su círculo no es una sorpresa. Desde 2016, cuando asumió el poder tras la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, el político brasileño enfrentó acusaciones de corrupción.

En dos ocasiones, el Congreso negó retirarle la inmunidad presidencial para ser investigado por la Fiscalía. Pero, el primero de enero de este año, cuando entregó el cargo, Temer perdió su escudo.

Lo interesante, para analistas como Ana Luiza Matos, investigadora brasileña de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), es que Bretas, el juez que ordenó la detención, “está bastante conectado con el gobernador de Río de Janeiro e, ideológicamente con el gobierno de Bolsonaro”.

Esto, sumado a que el actual ministro de justicia, Sergio Moro, fue el juez que dictó la condena contra el expresidente Lula da Silva, implicaría para la analista un vínculo del caso Lava Jato con los intereses del gobierno actual.

Para Matos, la detención de Temer sería un reflejo de una ruptura entre la extrema derecha de Bolsonaro y la centro derecha, representada por el presidente saliente. Dos bandos que estuvieron aliados en las pasadas elecciones de 2018 para frenar el regreso al poder del partido de Lula con la candidatura de Fernando Haddad.

Esta interpretación es respaldada por Alexander Arciniegas, analista internacional y doctor en Ciencia Política de la Universidad Federal de Río Grande del Sur, en Brasil, quien señala que “Bolsonaro ha tenido un inicio de mandato complicado con una caída en su popularidad. Este episodio lo favorece, fortalece su bandera de antipolítica con la que llegó a la presidencia”.

Es un discurso que cae en terreno fértil. De los expresidentes brasileños vivos, solo Fernando Henrique Cardoso no está vinculado a investigaciones por Lava Jato. Los otros cinco, incluyendo a Dilma Rousseff, Fernando Collor y José Sarney, mantienen algún tipo de señalamiento.

Con la captura de Temer, Lava Jato deja de ser un estigma de la izquierda. El presidente que llegó a serlo casi por casualidad ratifica la ruta que Lula ya fijó: del Palacio de Planalto a una celda por corrupción

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