No creo que sea casual que en medio de esta tendencia a “crear” y publicar en redes sociales versiones ochenteras de cada, uno ayudados por la IA que cada quien prefiere, asumiendo la estética de aquella década como si todos hubiéramos nacido y crecido en Los Angeles, estrenen en AppleTV Mayday, una comedia de acción y de pareja dispareja que no sólo se desarrolla en aquellos años sino que juega con varios tópicos de la cultura pop de la época, como sus constantes referencias a Top Gun (el personaje principal es un piloto de la Marina, mientras que su accidental compañero de aventuras es un exagente de la KGB obsesionado con la cinta), a la “batalla cultural” que se libraba entonces entre Estados Unidos y la URSS, y sus indudables conexiones con otros éxitos de aquellos días como Misery o Arma Mortal.
Más allá de que hayamos caído en alguna trampa publicitaria algorítmica al verla, los realizadores pueden estar tranquilos pues consiguieron enaltecer el espíritu del cine comercial de los ochenta, con una actitud que hoy no es tan común: asumir su vocación de puro entretenimiento. La historia es tan simple que cuando los guionistas y directores John Francis Daley y Jonathan Goldstein, los mismos de Game Night y Dungeons & Dragons, intentan incluir algunas tramas secundarias biempensantes (un padre enfermo por la corrupción estatal, una hija que lucha por sus preferencias sexuales) les salen medio torpes, como metidas a la fuerza. Les va mucho mejor cuando se concentran en lo esencial: el piloto Troy Kelly, caído en una misión de espionaje en territorio enemigo, debe intentar escapar de las fuerzas soviéticas con la ayuda de un ruso con habilidades casi sobrehumanas para el combate.
Como lo demostraron en sus películas anteriores, ni Daley ni Goldstein quieren que alguien los tilde de convencionales en su estilo de dirección. Hay tal variedad de tiros de cámara, movimientos y enfoques al comienzo (copiando por ejemplo el uso de secuencias de pelea que se desarrollan sobre el eje horizontal de un plano estático, como en Oldboy) que a veces estamos esperando más el “juguete” visual que escogerán que prestando atención a los diálogos. Es una lástima, porque hay mucha gracia en las frases que le corresponden a Ryan Reynolds como Troy Kelly, que desde hace un tiempo parece haber decidido que sin importar el género de la película, él tiene que ser el protagonista inteligente con el comentario sarcástico soltado como un latigazo. No siempre le funciona, pero aquí sí, igual que está bien puesta para estos tiempos la idea de que una persona no es una cultura ni los malos individuos representan a toda una sociedad.
Tal vez, como tantos títulos de los ochenta, Mayday necesite un poquito más de ingenuidad de parte nuestra para que la disfrutemos por completo. Estoy por creer, sin embargo, que no hay problema con eso por estos días, en un mundo que le entrega sus imágenes a la IA para poder hacer parte de una tendencia, y piensa que no hay nada de malo en ello.
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