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“Pablo Escobar se derrotó a sí mismo”: Alonso Salazar

En esta entrega de ExorcizArte Pablo, Alonso Salazar habla sobre lo que llama la caída libre de Escobar.

  • “Pablo Escobar en sus últimos días en vez de proteger a su familia, la arrastró por todas estas montañas del Valle de Aburrá”, dijo Salazar sobre la zozobra de los allegados al capo mientras huían de las autoridades.
    “Pablo Escobar en sus últimos días en vez de proteger a su familia, la arrastró por todas estas montañas del Valle de Aburrá”, dijo Salazar sobre la zozobra de los allegados al capo mientras huían de las autoridades.
02 de diciembre de 2023
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Hoy, 3 de diciembre del 2023 se cumplen 30 años desde que Pablo Escobar fue sepultado en el cementerio Jardines Montesacro en el municipio de Itagüí, después de ser abatido sobre el techo de una casa ubicada en el barrio Los Olivos al occidente de Medellín. El capo recién cumplía 44 años y cayó tras haberse fugado de la cárcel La Catedral el 21 de julio de 1992. Desde su fuga, la búsqueda se intensificó hasta que dieciséis meses después, gracias a una acción coordinada de policías, militares y agentes de la DEA, conocidos como el Bloque de Búsqueda, encontraron al narcotraficante más buscado de los años 90. Hay versiones de que miembros del grupo ilegal de los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar) también participaron.

“ExorcizArte Pablo” es una serie que publicamos a propósito de su aniversario de muerte con el ánimo de realizar una profunda reflexión sobre estas tres últimas décadas de Medellín atravesadas por la herencia del narcotráfico. El turno es para el periodista, investigador y exalcalde de Medellín Alonso Salazar, autor de la obra La Parábola de Pablo, considerada la biografía más completa y rigurosa sobre el capo.

Alonso realizó un trabajo tan minucioso que llegó a descifrar qué pasó cada día en la vida de Escobar mientras fue un personaje público. La primera edición de esta investigación se publicó en el año 2001 y para este 2023 Salazar realizó una actualización en la que quiso ampliar la faceta privada de Pablo Escobar brindando mayores detalles sobre sus días finales, sumado a su deterioro físico y emocional. ¿Qué encontró veintidós años después? Iniciemos con la imagen que nos trae en su primer capítulo que justamente comienza en el cementerio donde hace 30 años Escobar fue sepultado:

“El barrio de los acostados, así le dicen a Montesacro... Allí llegué el 2 de diciembre de 1995. Esperaba encontrar la tumba de un príncipe. Imaginaba que quien llegó a ser uno de los hombres más ricos del mundo vivía su posteridad en un mausoleo de mármoles y enchapes de oro, y me desencanté al ver una morada humilde, adornada con pequeños pinos pátula, gladiolos y azucenas”.

¿Cómo abordó esta investigación cuando por motivos de seguridad nadie quería hablar de Escobar?

“Cuando me decidí a escribir La Parábola de Pablo ya se habían publicado los expedientes judiciales, o por lo menos una parte, y lo que me propuse fue sumergirme en ese mundo, tratar de asir al personaje, de entenderlo, pero también conocer su contexto social, familiar, económico, político; todo ese mundo en el que creció y se desenvolvió.

Busqué la familia y entrevisté a sus hermanos, a su mamá, pero me di cuenta de que ellos tampoco sabían la historia de Escobar o querían una versión limpia. Entrevisté desde luego a los amigos, enemigos, a la gente que lo combatió desde distintos ámbitos, desde la institucionalidad, desde la ilegalidad; y todo eso fue sumando. Pero llegué después a una serie de personajes que fueron fundamentales y que son los cotidianos, el jardinero, el chef, las empleadas domésticas; quienes estuvieron presentes todo el tiempo, lo que me permitió pintar el personaje de una manera mucho más completa”.

¿Estos testigos le brindaron información de manera anónima?

“Sí, querían quedar anónimos. Por ejemplo, recuerdo a Darío chef, a quien menciono con su nombre porque ya murió y fue definitivo porque estuvo mucho tiempo al lado de Escobar. No sólo me contó las cosas rutinarias como qué comía y sus costumbres, sino que me dio una frase definitiva para entender toda esta historia, me dijo: El problema de Pablo Escobar es que no tuvo un consigliori al estilo de las mafias italianas, no tuvo un buen consejero. Los consejeros de Pablo eran los bandidos que le decían: hágale, Pablo, hágale. Y lo llevaban a más y más guerra, porque vivían precisamente de la guerra”.

Ha contado que nunca recibió amenazas, uno pensaría que hace más de 20 años estaba en el peor de los mundos escribiendo sobre Pablo Escobar.

“El libro está construido no como un juicio, yo no quería revelar la gran “chiva”, la primicia desconocida; mi investigación trabaja sobre una cantidad de información que era pública. Hice una base de datos en la que sabía qué había pasado cada día en la vida de Pablo Escobar durante el tiempo del conflicto en el que nos sumergió. Entonces el libro en ese sentido es equilibrado, desde luego se llama Parábola porque aspiraba a que esta sería una historia de la que debíamos aprender, no parece que aprendimos mucho, pero ese era el propósito”.

Ha dicho que a diferencia de la primera edición, en la del 2023 tuvo que separar la paja del trigo, porque ahora todos querían hablar sobre Escobar.

“Me desconecté un tiempo largo de Pablo Escobar, de su historia, porque el tema agota bastante, pero la editorial me invitó a propósito de estos treinta años a revisar qué había pasado y a hacer un balance de la información. Debo decir que el libro en general tenía una gran vigencia, y en esta nueva versión tiene complementos y correcciones relativamente secundarias. Además, introduje entrevistas que había hecho después de la primera edición y que son muy significativas porque me permiten mostrar cómo este hombre tuvo una especie de caída libre, de deterioro físico y mental, que podría explicar los errores que cometió.

También explican su soberbia, su omnipotencia, porque es que cuando él llegó aquí a La Catedral fue porque había derrotado a Colombia, pero aquí él se derrotó a sí mismo, esa es mi opinión, Pablo Escobar se derrotó a sí mismo y lo corroboré cuando entrevisté hace poco tiempo a Jorge Luis Ochoa, quien es una prueba viviente de que esa política de sometimiento que logró Escobar sí funciona. Ahí estaba Ochoa, cuidando a sus nietos, viendo un partido de fútbol, y me imagino disfrutando riquezas muy enormes. En cambio, Escobar no tenía límites porque no sabía qué quería, era un megalómano, y cuando aquí en La Catedral asesinó a sus más íntimos y socios históricos, se hizo el harakiri”.

También ha dicho que en esta edición del 2023 quería dar mayor claridad sobre sus días finales, su deterioro físico y emocional, ¿Qué encontró?

“Los días finales lo muestran de cuerpo entero, corriendo por las montañas del Valle de Aburrá, cruzando rastrojos y en esa arrastrada llevaba a su familia. No tuvo la conciencia de separarse de ellos para protegerlos, sino que los llevó a rastras en su tragedia, aunque siempre había dicho que su familia era lo más importante. También fue deteriorándose físicamente, me lo contó Luzmila, la mujer que lo atendió las últimas semanas. Y para concluir, en esta edición quise mostrarlo un poco más débil y monstruoso”.

De su investigación periodística sale “Escobar: el patrón del mal” ¿se sintió incómodo que su libro fuera utilizado para una serie de entretenimiento?

“Lo que pasó con el libro es que me abstuve un tiempo largo de entregar los derechos, pero cuando vinieron dos víctimas de Pablo Escobar, Juana Uribe hija de una mujer secuestrada por Pablo Escobar, Maruja Pachón, y Camilo Cano, hijo del asesinado director de El Espectador, yo dije pues si dos víctimas de Escobar no hacen una cosa verdaderamente seria, no habrá quien lo haga.

A la serie le reconozco que hicieron el esfuerzo de que las víctimas, los mártires de Escobar fueran suficientemente dibujados, veo capítulos muy largos para lo de Guillermo Cano, para lo de Luis Carlos Galán, para lo de oficiales que lo combatieron, sobre esto hubo preocupación, pero me da la sensación de que la gente no lo ve. De todas maneras, no participé en la elaboración de los libretos finales, ellos se tomaron libertades narrativas. Así que a estas alturas de la vida, respondo íntegramente por el libro y parcialmente por la serie”.

¿Planea más actualizaciones de La Párabola de Pablo?

“No. Creo que valió la pena haber vuelto a repasar y ampliar las cosas que encontré, pero hoy en el mundo existe tanto narcotráfico, tanta criminalidad organizada en tantos países y tantos Pablos Escobares, que estos son nuevos desafíos y nuevas perspectivas para quienes busquen adentrarse en el tema del narcotráfico porque en la actualidad es más universal de lo que quisiéramos”.

Ha dicho que irónicamente la esposa y el hijo de Escobar han brindado los testimonios más demoledores sobre el capo.

“Sí, las obras que más me sorprendieron fueron las de María Victoria Henao y la de su hijo Juan Pablo, quienes son tremendamente críticos. Juan Pablo lo hace de una manera muy habilidosa, supondría yo que es sincero cuando afirma que como hijo lo quiere, pero que ese camino no se debe recorrer, eso está bien. Pero el relato de su esposa es bestial, declararse a los 14 años violada por Escobar, contar que la llevó a abortar sin que ella tuviera mucha conciencia de eso y declararse abusada a lo largo de la vida es muy fuerte. Todo lo que ella narra también ocurre entre mucha veleidad y una vida un poco absurda que llevaba mientras el país sufría los efectos del narcoterrorismo. Para mí es el golpe más demoledor contra Escobar porque ya muestra que no sólo era un tipo perverso en lo público, sino que en el ámbito privado era un monstruo.

Sin embargo, el libro que más dibuja a la autora es el de Virginia Vallejo, quienes somos adultos, sabemos que era una diva y un símbolo sexual. En su libro dice cosas elogiosas del personaje, pero después lo describe monstruoso, se declara también violada y luego en reconciliación con Escobar porque las mujeres que han estado en Nueva York comprando con su cartera llena de dólares, saben lo que eso significa. Es decir, Virginia Vallejo, ambigua, ambiciosa es también un poco Colombia, es nuestra metáfora”.

¿Qué recuerda de La Catedral hace veinticinco años cuando la visitó para su investigación?

“Si bien no conocí La Catedral cuando estaba en construcción ni cuando la habitaba Pablo Escobar y su gentecita, vine en 1998 cuando ya había sido saqueada, pero encontré algunos vestigios. Este lugar era como un mito, ya se sabían las historias de lo que aquí sucedía, muy crueles por demás. También era una especie de reino, en el que ese rey que era Pablo Escobar tenía muchos bufones, mujeres a su disposición, una fiesta permanente, era muy importante la cancha en donde jugó con futbolistas nacionales famosos. Escobar consumía marihuana pero toda su gente era consumidora de cocaína, de tal manera que este lugar era una calentura. Desde aquí decidía sobre la vida y la muerte, entonces este también fue un lugar de detenciones, torturas y asesinatos como el de los Moncada y los Galeano”.

¿La Catedral, entonces fue como su casa de campo?

“Sí. En los libros Juan Pablo cuenta que ellos venían aquí como si fuera la finca y tenían todas las entretenciones posibles, donde departían los hijos de alias “Mugre” con los de Pablo y todos los demás como si fuera su casa de campo. Escobar armó aquí un reino simbólico, no creo que se haya fugado, eso se vino a reconocer después, de que esto no era una prisión.

Lo más importante de La Catedral era su geografía, porque hacía parte del mundo de la infancia de Pablo, estas montañas le permitían las caminatas que él hacía en el territorio que como suele decirse, conocía como la palma de la mano y brinda la vista de todo el Valle de Aburrá. Era como tener el mundo a sus pies, literalmente, pero con una distancia geográfica lo suficientemente importante para detectar y controlar cualquier movimiento”.

Después de escribir No nacimos pa´ semilla, ¿cree que Medellín tenía en los barrios populares el caldo de cultivo para los ejércitos de sicarios?

“Sí, aunque debo reconocer que insistimos demasiado en ese tiempo en que esa violencia y el narcotráfico era como una culpa propia de nuestra cultura regional y de nuestros valores. Y claro, esta sociedad tenía unas predisposiciones. Por ejemplo, el tema del contrabando estaba instalado de tal manera con sus controles políticos, la corrupción del sistema judicial, del Ejército, la Policía... que el narcotráfico simplemente entró sobre esos mismos rieles. Además, los paisas desde siempre hemos tenido una mentalidad hiper capitalista y ambición por el dinero. Pero después veo que lo de Medellín fue un anticipo en la historia de lo que hoy es común en muchas urbes del mundo y sobre todo de América Latina, de tal manera que pienso que no es una cosa estrictamente de nuestra genética. Incluso, con el tiempo ya es posible encontrar en el mundo, en el Caribe y en el continente americano, muchos Pablos Escobares”.

El término parábola es una invitación a la reflexión, ¿qué hemos aprendido en Medellín en estos 30 años?

“En eso soy escéptico. Si parábola, según los términos bíblicos, es una historia de la que se deben derivar enseñanzas, nuestra sociedad viene realizando muchos discursos morales frente al narcotráfico, pero no aborda los temas de fondo. Colombia había empezado a reflexionar desde centros de investigación como la Universidad de los Andes y los Jesuitas en el Cinep, sobre los impactos de lo narco en la economía, la cultura, en fin... pero hoy no veo ni centros ni pensadores sobre este tema y en realidad creo que es el momento en que la problemática se volvió universal”.

¿Cree que el arte es un camino para avanzar en el aprendizaje de esta parábola?

“A la gente del arte y la cultura le debemos en buena parte la recuperación de esta ciudad, sobre todo porque el tema del narcotráfico y las violencias no se puede resumir en que la gente tiene precariedades socioeconómicas, sino que lo que está en discusión es el tema de la identidad, ¿quiénes somos? O para un joven ¿quién soy yo?, ¿con quién me identifico? Pues bien, la gente de la cultura ha propiciado en gran medida lo que empezaron a reflejar los jóvenes de Medellín”.

¿Cómo Medellín puede exorcizar a Pablo Escobar?

“El narcotráfico no es posible derrotarlo, habrá que discutir qué soluciones se plantean, pero lo que sí puedo decir es que las sociedades tienen que desarrollar acciones, programas, alternativas para neutralizar sus efectos. La curiosidad por repasar historias siniestras existe en todo el mundo, por eso no me problematizo pensando si los hechos materiales, como los restos de esta que fuera La Catedral deben permanecer o no, lo que realmente me preocupa es que no estemos pensando cómo tener una sociedad más coherente y un modelo de cultura en el que la fuerza y la avaricia sean contenidas frente a unas maneras de relación más fraternas”.

Nota: Esta entrevista se realizó en el municipio de Envigado en la que fuera la cárcel La Catedral. En la actualidad, en el lugar funciona un hogar de protección para el adulto mayor bajo el cuidado de la Fundación Monástica San Benito Abad.

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