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Una terraza para verse volando en la ciudad

07 de marzo de 2009
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Un recuerdo asalta a cada instante la mente de Luis Eduardo Vélez: desde lo alto de su casa en el barrio San Pablo, cerca a Santo Domingo Savio, este veterano de 68 años observa a lo lejos la sede de Empresas Varias y evoca sus tiempos de recolector de basura.

"Hacia allá, por Zenú, se ven los carros de basura, antes habían montado allá una fábrica de abonos, pero no dio resultado. Soy jubilado de Empresas Varias y desde acá la veo, en ese tiempo era muy distinto", comenta.

Montado en la terraza de su casa de tres pisos, un caserón inmenso en el que viven él y el resto de sus familiares, observa una ciudad inclinada, una Medellín que cae en picada desde la loma de su residencia hacia el río y de allí emprende una cuesta que se empina hacia el occidente.

Y le muestra, en la cima, la puntica del cerro El Picacho, exactamente al frente. Él, aunque hace muchos años no visita esa zona, tiene claro lo que hay por allí. Para demostrarlo, señala con el dedo índice los barrios que alcanza a distinguir.

"Por allá está Castilla, más arriba El Pedregal, el Doce de Octubre, la Feria de Ganado, las Empresas Varias, la Terminal Norte". El conteo lo hace señalando al frente.

Luego inclina un poco su mirada a la derecha y nos cuenta que puede ver todo Bello, y más a su derecha las cápsula de metrocable que bajan y suben.

"Antes uno veía de acá muchos árboles, mucha montaña, pero todo se fue poblando, cuando el metrocable sí fue espectacular, desde esta terraza se veía todo, la inauguración", anota Luis Eduardo, que cuando gira sus ojos a la izquierda puede ver los cerros El Volador y Nutibara y toda su comuna nororiental, un cuadrilátero infinito de casas y más casas, con techos y terrazas de las más variadas formas, materiales y decoraciones.

"El estadio no lo alcanzo a ver, El Volador lo tapa, pero sí de noche, cuando encienden las torres de luz, se pueden ver".

La terraza de su casa, en la calle 100 con carrera 34, ofrece una vista espectacular matizada por un viento que sopla fuerte desde cuatro costados. Y hasta lo amenaza con propinarle un empujón.

Allí vive hace 40 años, cuando llegó de Titiribí, donde se crió, porque es natural de San José (Risaralda). Y dice que nunca se iría. Seducido por Medellín, donde hizo su historia y donde levantó a su prole, la riqueza no le ha hecho falta para ser feliz.

Luis Eduardo, más que muchos, más que yo, más que la gran mayoría que vivimos en las partes planas, se goza la ciudad desde lo alto. Y para ello no necesita volar. Vive en un vuelo permanente. Haga noche, haga sol o llueva, allá abajo está Medellín, la ciudad toda a la plenitud de su mirada.

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