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Un coronel y su pacto brasilero

18 de noviembre de 2008
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El coronel Flavio Aparecido Romualdo de Aquino, con su nombre de novela, con su estatura media, su risa estentórea y sus ademanes regulados, es el comandante de la policía militar de una vasta zona plana al occidente del estado de Minas Gerais, en Brasil. Su sede es la ciudad de Uberaba, un tórrido conglomerado de 300 mil habitantes, casi en la frontera con el estado de Sao Paulo.

Al lado de haciendas con finísimos ejemplares de ganado cebú, crecen plantaciones de caña de azúcar, flanqueadas de fábricas de etanol que le dan al Brasil el primer puesto mundial en exportaciones del biocombustible. Barrios periféricos con mucha pobreza marcan el contraste con una región opulenta, que es uno de los motores de la emergencia del Brasil como país de las grandes ligas internacionales.

La gente, acostumbrada al lento cuidado agropecuario, es de temple conservador, de ánimo generoso y acogedor. Uberaba es la Meca nacional del espiritismo. Los seguidores de Allan Kardek son legión. El gran maestro Chico Xavier, fallecido hace poco, atraía hasta su casa azul frente a una glorieta a multitudes ávidas de comunicación con los muertos. Un monumento con su figura se levantará próximamente en el sitio.

Rodeado de sus 800 policías vestidos de color caqui, el coronel Aquino está liderando desde mediados de este año el montaje de un proyecto de seguridad urbana que incorpore a la población como factor pacificador. 'Pacto por la Paz' se llama la iniciativa, que en sus preámbulos logró bajar sustancialmente la criminalidad.

Navegando en internet, Aquino descubrió que Bogotá, la capital de un país que nunca ha pisado, dio un vuelco de 180 grados en su seguridad durante los últimos quince años, gracias a una sucesión de alcaldes con políticas continuadas bien particulares. Convocó un seminario suramericano de paz, congregó a sus subordinados, a los periodistas locales y a las autoridades, para escuchar las gestas de Peñalosa y de Mockus.

Así, en Brasil se habló sobre Colombia, se extendió una antena hacia el norte del continente, se abrió el apetito de venir a este trópico trágico pero imaginativo y de aprender el idioma del resto de América Latina. El coronel Aquino pertenece a una élite de oficiales brasileros con posgrado en universidades, donde al lado de académicos han renovado muchos puntos de vista sobre la guerra y la paz.

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