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Un Beethoven que sabe oír los carros

Gustavo Corrales no puede oír, y eso no ha sido un impedimento para ser un caza ruidos de los carros.

  • Un Beethoven que sabe oír los carros | Gustavo sostiene que el tablero es una de las mayores fuentes de ruidos en un vehículo FOTO RÓBINSON SÁENZ
    Un Beethoven que sabe oír los carros | Gustavo sostiene que el tablero es una de las mayores fuentes de ruidos en un vehículo FOTO RÓBINSON SÁENZ
04 de octubre de 2013
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Por un lado se escucha el golpe de un martillo sobre la lámina de un automóvil. Más allá, el traqueteo de una pistola neumática con la que un operario afloja las tuercas en las llantas de un vehículo. De repente alguien en voz alta pregunta por un repuesto para otro carro en proceso. Y a pocos metros de allí se enciende un motor para verificar el funcionamiento correcto de un alternador.

En medio de esta algarabía que se puede presentar diariamente en cualquier taller mecánico está Gustavo Corrales. Impávido, sin inmutarse, y siempre con una sonrisa y el ánimo dispuesto a ayudarles a cualquiera de sus compañeros en Caribe Motor.

Ese alboroto que forma toda esa mezcla de sonidos de láminas, motores en funcionamiento, herramientas en acción, a él no le molesta, es más, no las oye. Gustavo, sordo de nacimiento es, desde hace más de treinta años, ajustador del taller de Caribe Motor.

Él se encarga de orientar al dueño de un carro y también a los técnicos del taller, sobre el posible origen de un ruido en cualquier parte del carro.

Su sordera no ha sido un impedimento, por el contrario, como lo señala Felipe Benítez, director de posventa de Discarros, y quien ha sido uno de sus jefes, esta discapacidad ha hecho que otros sentidos se potencien. "Incluso hace uso del sentido común para saber cuál puede ser la causa de esos ruidos que a veces molestan tanto a los propietarios".

Manos sanadoras
Gustavo no es mecánico experto, su fuerte no es saber cómo funcionan ni cómo se reparan las diferentes piezas que hacen parte del conjunto de la maquinaria de un vehículo. Sin embargo, con sus manos sí ha logrado bajarle el mal genio a más de un dueño que llega al taller cansado de sentir un chirrido, un golpeteo, un crujido o un simple zumbido que no lo deja manejar tranquilo.

Así, con su forma de ser serena, Gustavo se acerca al carro y va palpando, como si fuera una de estas personas que van curando las dolencias del cuerpo con la energía de sus manos, va tocando parte por parte del carro en cuestión: el capó, bombers, pasos de rueda.

Adentro, sus manos se posan y tocan el tablero, el volante, la columna de dirección, las puertas y las carteras que cubren la estructura interna de las mismas.

Sus manos van repasando cada una de estas partes y en algún momento señala un punto específico.

¿Cómo lo hace? La vibración es la respuesta. Aunque no tiene el conocimiento teórico para explicarlo, de manera empírica Gustavo evidencia en su trabajo el principio físico que señala que el sonido es la vibración mecánica del aire y que al contacto con el tímpano se convierte en ondas acústicas. Y aunque en él la última parte del proceso no se completa, sus manos sí perciben esas vibraciones que le hacen reconocer dónde está el problema.

Ese mismo principio también le permite, en sus momentos de descanso, fuera del taller, disfrutar de una buena jornada de baile. No se pierde pieza y, dicen sus compañeros, es un muy buen bailarín. Literalmente la buena vibración de la música lo pone a gozar.

Al principio, y cuando el dueño de algún carro se da cuenta de que Gustavo no puede oír de manera normal, la reacción es de incredulidad, "no entienden cómo una persona sorda es la que va a detectar los ruidos del carro", explica Manuel Gómez, su actual jefe.

En ocasiones Gustavo sale con el dueño del carro y un técnico para hacer una prueba. Con el carro en marcha repite su ritual de palpar las diferentes partes del auto en dónde puede estar el origen del ruido para confirmar sus sospechas.

¿Y cómo reacciona el dueño de un carro cuando sabe que usted es sordo y es capaz de saber dónde se producto el ruido y lo eliminan?, le pregunté.

Una sonrisa y los pulgares arriba son el gesto que traduce también la satisfacción de cada propietario cuando este Beethoven automotor le devuelve su carro sin ningún ruido raro.

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