Primero fue Indonesia en 2004, luego Haití y casi de inmediato Chile. Y Japón. Susto colectivo. ¿Están relacionados los grandes terremotos? ¿Se está repitiendo un ciclo que existió a mediados del siglo pasado?
El par de inquietudes volvió a agitar a los geólogos, que exponen distintos argumentos y estudios.
Charles Bufe del US Geological Survey, citado por Nature, recuerda que en sólo 12 años del siglo XX se presentaron tres terremotos de 9 grados: Kamchatka, Chile y Alaska. Para él, que eso ocurra por azar sólo tiene un 4 por ciento de probabilidad, expresó en una reunión de la Sociedad Sismológica en Menphis.
El ciudadano del común siempre se ha preguntado y hasta respondido, cuando suceden uno o dos grandes sismos, acerca de la relación entre esos movimientos y, por lo general, los vincula.
Más remezones
Bufe, junto a su colega David Perkins, también en Denver, argumentan que la más reciente esta serie puede ser el comienzo de una nueva ronda de megatemblores.
Para Bufe, la probabilidad de otro evento de 9 grados o más en los próximos seis años es del 63 por ciento.
Richard Aster, del New Mexico Institute of Mining and Technology en Socorro, la muestra tan pequeña incide en los resultados de Bufe y colega. Desde 1900, dijo, sólo ha habido 14 terremotos mayores a 8,5 grados.
En un estudio diferente, Andrew Michael, asimismo del USGS, no encontró relación alguna entre los grandes terremotos. "He desarrollado un número de pruebas y no encuentro una razón para rechazar la idea de que el agrupamiento es casual".
Frente a datos tan contradictorios, surge otra inquietud: ¿puede un terremoto en un punto, desencadenar otro en sitio lejano? No se puede olvidar, por ejemplo, que a los 4 meses del sismo de Indonesia se presentó uno de 8,6 grados costa abajo por, dijeron los científicos, la distribución de estrés en la corteza terrestre.
Tom Parsons y Aaron Velasco analizaron en Nature Geoscience la base de datos del USGS para ver si los sismos de magnitud 7 o más activaron temblores de intensidad media en otras regiones del planeta. Entre 1979 y 2009 hubo 205 de más de 7 grados.
Las líneas de falla no son islas, recordó Parsons. Como cuando se arroja una piedra en un estanque, los pedazos de la tierra que se resquebrajan envían ondas que circundan todo el globo varias veces. En un estudio previo, habían descubierto que a medida que pasan, lejanos rincones del planeta comienzan a zumbar con cantidad de temblores pequeños. Este contagio mundial podría preocupar. "Si todo el mundo se convierte en una zona de réplicas, ¿deberíamos preocuparnos por uno grande?"
El análisis sugiere que la redistribución del estrés a fallas cercanas tras un gran movimiento se limita a distancias del epicentro de no más de dos o tres veces la longitud de la rotura del sismo inicial.
"Si California está lista para uno, es porque California está lista", explicó Jian Lin, geofísico del Woods Hole Oceanographic Institute en Massachusetts. No es por la activación que provoque otro distante.
Luego del primer terremoto, las fallas dentro de los 1.000 kilómetros se rompen con frecuencia estilo dominó. A una escala mayor, por ejemplo de Japón a California, no se pudo encontrar un segundo estilo dominó mayor de magnitud 5.
"Puede ser un resultado sorprendente para el público, pero no lo es para un científico de sismos como yo", explicó Lin. Lo que sí es un misterio aún es cómo los remezones pueden afectar las fallas pequeñas, pero no las grandes, según el científico.
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