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Regreso entre sudor y risas

05 de enero de 2009
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Cuando salían del camerino se veían risas y buenas caras. Pero los integrantes supieron sudar la gota gorda en el regreso a las canchas.

Aunque el Envigado le madrugó a la pretemporada (dos días antes que sus compañeros de patio), en la cancha se hicieron esperar.

Durante un par de decenas de minutos, el nuevo técnico Óscar Aristizábal les dio la bienvenida a los refuerzos, a los reenganchados, a los juveniles a prueba, a las caras conocidas.

"Señores, el fútbol es una cosa de amigos. Acá no entra eso de 'la letra con sangre entra'. No señor, esto es de una familia", se alcanzaba a colar por una rendija la fuerte voz del nuevo entrenador, que despertó a los jugadores aletargados y a algunos periodistas que salían de la escasez de noticias con el regreso envigadeño.

Tras una hora de espera, todos a la cancha. Y eso parecía el primer día de clases de un colegio, todos con un uniforme distinto. Néider Morantes tenía el de color rojo, el joven Juan Quintero portaba el fucsia, el arquero Víctor Hugo Soto llevaba camiseta blanca, y los juveniles de gris.

Dos que tuvieron falta el primer día de clases fueron un par de refuerzos: Fredy Totono Grisales y Luis Felipe Chará. Aunque no fueron ni tan ausentes.

Grisales aún está pendiente de que su club actual, Independiente de Avellaneda, le dé el visto bueno para jugar con el naranja. Así que ni faltó, solo que aún no hace parte del equipo.

Por el lado de Chará la cosa es más brava. Aunque estuvo en el reencuentro, el volante ex Nacional aún arrastra una lesión que lo tendrá, por lo menos, en dos semanas más de fisioterapia, según el cuerpo médico. Esto, más los trabajos de pretemporada hacen que se demore casi un mes para verlo en una cancha. Por tanto, ese negocio no está cerrado del todo.

Las risas que se vieron en el regreso quedaron olvidadas. El mando lo tomó John Hernández que, con poco de lento, los mandó a la cancha. Unas veinte vueltas al Parque Estadio, como para aflojar músculos antes de la orden más temida.

"Bueno señores, al piso y me dan 200 abdominales". Y aquí todos y cada uno de los 33 convocados, espalda en suelo y manos en pecho, solo pudieron acatar la orden y comenzar a sudar el chicharrón y uno que otro traguito decembrino.

Para el nuevo entrenador, todo pasa por la alegría. "La idea es empezar a hacer las cosas bien, que el equipo empiece a sentirse como una familia. Que haya alegría, no solo en el camerino sino dentro del terreno de juego". Y la de ayer fue una alegría con mucho sudor.

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