El sudafricano Chad le Clos le dañó inicialmente la fiesta a Michael Phelps en los 200 metros mariposa, cuando lo relegó al segundo lugar.
La medalla de plata en esa competencia, la más fuerte del estadounidense y en la que fue primero en los Juegos Olímpicos de Atenas-2004 y Pekín-2008, le dio a Phelps la presea 18 a nivel personal, las mismas que consiguió para la Unión Soviética la gimnasta ucraniana Larisa Latynina.
Pero la meta del nadador era la dorada y en el relevo 4x200 libres le llegó la gran oportunidad. El equipo de E.U. lideró durante toda la prueba y al final, Ryan Lochte, Conor Dwyer, Ricky Berens yPhelps vencieron al cuarteto francés para montarse al primer lugar del podio.
Lejos parece quedar ya esa detención por conducir bajo los efectos del alcohol en el 2004, por la que tuvo que prestar servicio social, o esas fotos en las que se le vio fumando, supuestamente, marihuana, de una pipa de agua. Como tantas veces lo hizo dentro de una piscina, se repuso y llegó a Londres para lograr lo que no se había dado antes.
Phelps recogió su medalla 19 e hizo historia. Quince oros, dos platas y dos bronces hacen de este deportista olímpico más triunfador.
Después de la decepción que dejó ver en su rostro cuando le Clos lo derrotó, la sonrisa reapareció de la mano de todos sus compañeros. Y el mito de Phelps puede extenderse porque todavía le quedan tres pruebas: 200 metros individual combinado, los 100 metros mariposa y el 4x100 estilos.
En mayo dijo en un programa televisivo de su país que después de estos Olímpicos se retirará. “He podido ir a maravillosas ciudades en mis viajes y no he podido verlas. Veo el hotel y el jardín, eso es todo. Después de estos Juegos voy a ir y hacer lo que quiera”, afirmó.
Luego de inscribir su nombre en la historia de los Juegos Olímpicos, tal vez reconsidere esa decisión o se dedique simplemente a disfrutar sus triunfos. Ayer, en Londres, Michael Phelps demostró que el rey de las aguas tiene mucha vida.
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