Sí, infierno el que vive Hernán Darío Bolillo Gómez, el gran entrenador que nos llevó al mundial, como el de muchos colombianos que son tratados con malignidad, con odios, con insultos.
Qué manera de difamar, de ensañarse en ofensas, en quitar la fama, de hacer la vida imposible.
Y quienes lo hacen son los mismos cuya moral solo es buena para que la cumplan los vecinos, pero son los que transgreden todas las leyes.
Todo el derecho a no ser juzgado como criminal, sin defensa, sin presunción de inocencia, derecho humano consagrado en el mundo, no existe.
Todo es condena, aun sin conocimiento de causa, pero así seguirán hasta que la violencia les llegue a cada uno, y Colombia no deje de estar entre los más corruptos del mundo.
El fariseísmo, la doble moral, la carga para los demás. No se piensa en el bien que hicieron, en lo que le dieron a la patria en el pasado. Eso ha hecho insufrible sus vidas.
Que lo digan muchos militares, que los persiguen solo por errores.
Que lo digan los uribistas a quienes una fiscal, además casada con un exguerrillero, no pide para ellos sino la cárcel. Condena, guillotina. Es decir, el régimen del terror se apoderó del país.
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