En túneles, muchos de ellos bajo la tierra blanda que las lluvias esparcen en las orillas del Río Tijuana (noreste de México), sobreviven cientos de migrantes deportados por Estados Unidos y que carecen de recursos para retornar a sus países de origen.
Todos tienen algo en común: tras ser expulsados de la primera potencia mundial, optaron por ocultarse. Se vieron obligados a buscar refugio bajo tierra, como los primeros cristianos, en la ciudad fronteriza conocida como "la esquina de México" ante el acoso de policías y las bandas criminales que rondan la región.
Ese es el caso de Ismael Martínez, originario de Oaxaca, quien vivió durante casi dos décadas en California. Lo deportaron y no ha reunido suficiente dinero para regresar a su tierra natal. En los últimos años, Tijuana se ha convertido en el lugar de México por el que se realiza el mayor número de deportaciones desde territorio de E.U.: 100.000 anuales.
Éstas desencandenaron los 30 túneles o "pocitos" donde hoy viven los inmigrantes expulsados.
Antes de vivir en los túneles lo hacían en "El Bordo", un asentamiento de 4.500 metros a un costado de la valla fronteriza de metal que divide México de E.U. Pero desde hace un año comenzaron las operaciones para sacar a los migrantes de allí. El método elegido por la policía, según grupos activistas, fue quemar sus construcciones hechas de basura, plástico y cartón.
"Trataron de quemarlos vivos, rociaron de gasolina y les prendieron fuego, algunos sufrieron quemaduras", denunció a la agencia Efe Micaela Saucedo, activista y directora del refugio para migrantes "Elvira Arellano".
Además de esconderse de la policía, los deportados también tienen que enfrentar a los traficantes de heroína del cartel de los Arellano Félix, una organización criminal con un extenso récord de asesinatos y otras acciones delictivas en la frontera.
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