BORRACHERAS. Un taxista me contó su historia mientras me llevaba a mi destino. Se trataba de un hombre que cayó en el vicio del alcohol por sentirse el amo del mundo. La vida le sonreía con dineros y amores y se quiso burlar de la vida, pasando del trago a la droga y de ésta a la ruina total. Lo perdió todo, primero sus bienes y finalmente su hogar. Este señor tuvo que caer muy bajo para tomar conciencia de la miseria humana en la que se había convertido. Gracias al apoyo de su mamá salió adelante, pero las oportunidades ya no existían. Ahora trabaja de taxista y se gana honradamente la vida.
Este señor, que es totalmente abstemio, siente que su misión es advertir del daño que provoca el alcoholismo. Su efecto desinhibidor y la aparente gozada está destinada al fracaso. -Fíjese cómo llega bien vestida la gente a las fiestas y en qué fachas salen. Pasan de la fase eufórica donde todo el mundo es su amigo, a la fase violenta y vergonzosa-. El vicio va debilitando la voluntad y se va fijando en la mente el tema de la bebida. Pienso que en el hogar, colegios y autoridades no debemos dar el brazo a torcer y pactar con las borracheras que a todas luces degrada a la persona.
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