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A Zicer

  • José Guillermo Ánjel R. | José Guillermo Ánjel R.
    José Guillermo Ánjel R. | José Guillermo Ánjel R.
13 de mayo de 2011
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Respetado y recordado Mordejai (que en español es Mardoqueo), pienso en usted y lo veo en la vieja Sinagoga de la calle Zea, esa que quedaba cerca a talleres de impresión, sedes de partidos de izquierda, casas para usuarios del asunto del encame, bares de música tropical y gente que lo miraba con curiosidad cuando le veían llegar a rezar en esa calle caribeña.

Les llamaba la atención el traje negro cerrado, la camisa blanca, su barba larga que se partía en dos, los bucles al lado de las orejas, su sombrero y los ojos acuosos y azules. Eso fue por allá por los años 60, cuando la ciudad acogía en lugar de excluir.

Y cuando a un judío ortodoxo proveniente del otro lado del mar, que hablaba yidish (la lengua de los judíos de Europa Oriental) y apenas sabía unas palabras en español, las suficientes para vender sus telas y realizar sus cobros, se lo respetaba porque simbolizaba algo que no se entendía bien pero que tenía que ver con D's, con tierras desconocidas y palabras y sonidos no comunes.

Como digo, lo recuerdo junto a la mesa en la que se leían los rollos de la Torá (el Pentateuco), balanceándose de adelante hacia atrás y siguiendo el rezo en un sidur (libro de rezos) en el que las letras hebreas eran grandes y tenían encima muchas huellas de dedos.

Esa era la tradición, leer los libros hasta gastarlos dejando encima lágrimas y alegrías, suspiros y revelaciones. Y palabras pronunciadas. Bueno, lo recuerdo así.

En otras calles lo recuerdan con telas al hombro, caminando barrios enteros, tocando puertas y anotando en una libreta pedidos y abonos.

Darío Ruiz Gómez, el crítico y escritor, tiene una imagen suya: ha caído un pato del cielo y usted, Mordejai, lo ha comprado a los niños que lo ofrecían, aun asombrados con el hecho. Un personaje de Bashevis Singer, querido señor.

Y lo recuerdo Mordejai Zicer porque por estos días la comunidad judía de Medellín cumplió 80 años como institución integrada al quehacer de la ciudad y a la cultura de la diversidad, que es la que propicia la tolerancia y, como consecuencia, el conocimiento, el intercambio y la globalidad.

Y paralelamente, el colegio Teodoro Hertzl cumplió 65 años.

Así que Medellín ya acredita cuatro generaciones de judíos que se han integrado al comercio, la industria, las artes, la educación, la investigación científica y la literatura, sin dejar de lado sus tradiciones y sus creencias.

Un judío que es antioqueño y vive los vaivenes de la ciudad; que ya no se enreda hablando el español y participa de los debates que construyen la ciudadanía.

Y que tuvo sus orígenes en hombres como usted, Mordejai.

Mordejai Zicer, nació en Polonia (en Krilov) y murió en estas tierras del trópico, de viejo y de caminar la ciudad. Llegó a Antioquia en 1939, cuando ya se iniciaba la Shoá (la destrucción de los judíos) propiciada por los nazis. La última vez que lo vi sabía decir bien ¡Bombas, bombas! Y también ¿Qué parará con los niños?

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