Para Beatriz Yepes, oriunda de Sabanalarga, el compromiso social tiene raíces familiares. Su padre, un hombre que convirtió su casa en un lugar de apoyo para los vecinos y que “hasta parecía la fundación de la vereda”, les enseñó a ella y a sus hermanos, el valor de la solidaridad y el trabajo comunitario.
Así, Beatriz le apostó a servir a distintas comunidades. Cuando ocupaba el cargo de coordinadora social de la Reforestadora Integral de Antioquia, recibió la propuesta de dirigir la Casa Familiar Rural (CFR) del Bajo Cauca, un proyecto inspirado en un movimiento francés que llegó a Colombia para fortalecer la formación de jóvenes, mujeres y campesinos en las zonas rurales.
Aunque el proyecto no prosperó, la experiencia le permitió, años después, proponer el mismo modelo en la vereda Los Tendidos de Sabanalarga, donde creció y de la que tuvo que salir por el desplazamiento forzado. Volver significaba contribuir a la recuperación de la vida rural. “Quisimos empezar a dinamizar procesos productivos a partir de la pedagogía de la alternancia, que les permitiera a las comunidades salir del 8 x 4, es decir, ocho meses sin ingresos y cuatro con ingresos por la cosecha”.
La propuesta tuvo buena acogida. En una comunidad vulnerable, madres cabeza de familia, niños y algunos padres comenzaron a participar en procesos de formación en apicultura, ganadería, lechería y café, además de impulsar cultivos de ciclo corto, como tomate y cilantro, y de producción más larga como el café. “Es muy lindo saber que ya no compran cosas en el pueblo porque las tienen acá”.
La Casa Familiar Rural de Sabanalarga trabaja bajo cuatro principios: “Tienes que estar asociado, formarte en la pedagogía de la alternancia (teoría y práctica), tener una formación integral en conocimientos del ser y el hacer, y que el producto lleve a un desarrollo local”. A partir de esto, la asociación ha consolidado diferentes proyectos, como emprendimientos lácteos, apícolas, cafeteros, gastronómicos y productos herbales artesanales.
En este proceso, la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia ha contribuido al fortalecimiento de las iniciativas productivas. Beatriz destaca el apoyo cercano a los 20 millones de pesos, que permitió impulsar un emprendimiento para 14 beneficiarios y aportar insumos para poner en marcha la Escuela de la Gulupa.
Para Beatriz, el valor de la Casa Familiar Rural está en demostrar que la educación puede convertirse en una herramienta para transformar la vida en el campo. Así, la comunidad no solo encuentra nuevas formas de generar ingresos, sino también razones para estar en el territorio y construir nuevas posibilidades para el futuro.
