Con más de 85 mil caficultores registrados, 113 mil fincas y 132 mil hectáreas cultivadas, Antioquia es uno de los departamentos más importantes dentro de la actividad económica cafetera en el país, aportando, de acuerdo con cifras de la Gobernación de Antioquia, el 16% de la producción nacional.
Ese potencial económico y productivo de por sí la hace una actividad especial, pero cuando esa cualidad es llevada al sabor, adquiere un relieve adicional.
Desde hace algunos años, la generación de cafés especiales, de origen o de autor, ha sido asumida como una política pública por parte de las autoridades gubernamentales locales y nacionales, que han elevado su producción a estándares de calidad que han atraído la atención más allá de nuestras fronteras.
En Antioquia, miles de familias han sido capacitadas para mejorar la calidad de su café. Se ha hecho en Suroeste, subregión cafetera por excelencia. Pero también en Occidente, en Norte, en Nordeste y Oriente. Decenas de jóvenes se preparan en catación y barismo. El movimiento es fuerte. El potencial es grande. Y detrás de él hay miles de historias que merecen ser contadas, El Colombiano quiso seguir las rutas cafeteras del departamento, para destacar con nombres propios a quienes con su esfuerzo y tenacidad logran consolidar a Antioquia como una tierra en la que no solo su café es especial. También su gente.
Un viaje de sensaciones
“No hay cafés especiales, el especial es uno que le pone fundamento a la producción que saca”, nos dijo Jorge Hugo Garcés, a quien visitamos en la vereda La Sierrita, en Giraldo, Occidente antioqueño.
Este fue uno de los ocho municipios que visitamos, en un trayecto en el que consumimos 492 kilómetros por todos los rincones en los que se cultiva café en Antioquia. Un viaje sorprendente, inspirador, en el que fuimos testigos de la destreza de los caficultores que le dan su toque de autor al grano, para después cautivar los sentidos de quienes consumen su producto.
En el camino nos encontramos con historias como las de Fernando García, un caficultor de la vereda El Guayabito, a 50 minutos en carro del municipio de Amalfi, Nordeste del departamento, allí donde desde las 6:30 de la mañana, todos los días inicia sus labores para darle al café su propio toque.
Llegamos a las montañas del corregimiento de San Pablo, un enclave cafetero de Santa Rosa de Osos, donde nos recibió Wálter Pérez en su casa y nos invitó a tomar el tino que enamora a sus visitantes, el que, dice, “con solo masticarlo se sabe cuál vale la pena”.
Bienvenidos, pues, a este viaje, en el que descubrimos por qué con el café especial, más de 90 mil familias subsisten a diario, en el que la Gobernación ha invertido cerca de 13 millones de dólares, y por el que por una libra han pagado hasta 15,50 dólares, casi diez veces por encima de lo que anunciaba la bolsa para ese día.
¡A disfrutar!.