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La finca es la empresa de los Correa en Jardín

Ubicada en la vereda Casania, en este predio se cultiva café especial con cuidadosos procesos que los tienen en la élite de los productores.

  • El emprendimiento, ver la finca como una empresa, es la clave del éxito de Hugo Correa y su familia en Jardín. FOTO donaldo zuluaga
    El emprendimiento, ver la finca como una empresa, es la clave del éxito de Hugo Correa y su familia en Jardín. FOTO donaldo zuluaga
La finca es la empresa de los Correa en Jardín
18 de noviembre de 2014
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Hugo Fernando Correa tiene pinta de cualquier cosa, menos de campesino. Incluso, al ver su figura longilínea, sin excesos, uno se lo imagina de ciclista o de atleta. Viste camiseta y yin y se expresa con soltura, en un lenguaje muy urbano, en nada parecido al de los labriegos de las montañas.

Pero curiosamente, cultiva café. Y no cualquier café, sino cafés especiales, el producto que le está abriendo las puertas al mercado colombiano en el exterior. Y para cultivarlo, la pinta es lo de menos.

“El campesino ya es pinchado, bien vestido, los turistas que vienen a Jardín lo influencian mucho a uno”, dice.

Él es el gerente de la finca Los Correa, un predio cafetero de 12 hectáreas ubicado en la vereda Casania, en zona rural del municipio de Jardín, en el Suroeste antioqueño.

Lo de gerente no es exageración ni un eufemismo para enaltecer su labor. Este joven de 31 años ve su trabajo no como un modo de sobrevivir sino como una empresa que busca proyección.

“La finca está montada como una empresa que tiene que ser rentable y hay que meterle administración, porque si no empaque y vámonos, no es de mucho dinero, pero se sostiene uno y va progresando, se genera empleo digno”.

Él y su familia empezaron a cultivar cafés especiales desde 2010. Lo hicieron cuando entendieron dos cosas: una, que si querían sostenerse con el producto, especiales era la opción en un mercado internacional cada vez más competido. Y otra, que tampoco querían venirse a la ciudad a buscar oportunidades cuando estas están todas en el campo, donde nacieron, crecieron y donde desde bebés respiraron el aroma del grano.

Por eso no les fue difícil tomar la decisión. Hugo lo explica en palabras sencillas:

“Lo que pasa es que nosotros vimos la oportunidad de seguir trabajando acá, que es nuestra tierra. Y mientras uno trabaje bien y administre bien las cosas puede seguir en el campo. La gente cree que las oportunidades están en la ciudad, pero los ingenieros son los que tienen que empezar a salirse de las oficinas, eso se va a acabar”.

En la élite

Y es que Hugo tuvo la oportunidad de irse. Fue cuando se graduó como administrador de empresas agropecuarias en el Sena y no le faltaron las invitaciones para buscar horizontes en Medellín. Varios amigos y compañeros -cuenta él- quisieron sonsacarlo para que abandonara los cultivos y buscara desenvolverse en otro oficio.

Él hizo todo lo contrario: aprovechó sus conocimientos aprendidos y los aplicó a su finca. Y gracias a eso está viendo los frutos. Es un hombre justo en la manera como gerencia su predio.

“Para mí es muy importante estar pendiente de los trabajadores. Esta manera de trabajar la agricultura con los cafés especiales ha servido para dignificar el trabajo, las jornadas ya no son de 18 horas sino de ocho, hay vacaciones, seguridad social, cosas que son difíciles en el campo, y seguimos buscando mejores garantías y oportunidades”.

Entre los cultivos, aflora la sonrisa de Hugo. Sus trabajadores no se quedan atrás. Mientras recolectan el grano, por entre los cafetos se cuelan sus chanzas y sus gritos.

“Échele un poquito de azafrán al negro Ulises pa’que dé color”, grita uno, y los otros responden con sonrisas que compiten con el viento, entre las matas.

El café sube y baja por un sistema de cable o de garrucha que instaló Hugo en su predio para agilizar el proceso, algo muy visto en los cultivos de banano, que también los hay en su finca como producto alterno, pero que él está aprovechando con el grano.

“El negocio está bueno, con el café especial hay que poner más cuidado, pero es mejor remunerado y eso da más garantías”, repite Gonzalo Hurtado, uno de sus empleados en la finca Los Correa.

Dice que frecuentemente les dan conferencias y capacitaciones que “nos son de mucha utilidad”.

Les enseñan a tratar la tierra, el manejo ambiental de los cultivos, a saber hacer la recolección en el momento justo. Y aún así, a veces no se pasa la prueba de cata. Hugo tiene claro porqué:

“Eso depende de varios factores: uno la variedad, como el catimor, que puede salir a veces áspero; luego puede ser la recolección, cuando son granos sobremaduros o granos verdes, eso afecta la taza; luego en el despulpado en las máquinas, si no tiene buen lavado o si se demora, hay que hacerlo lo más rápido que se pueda; lo mismo en la fermentación, dependiendo de los climas es la duración de 10, 14 o 18 horas, hay que manejar eso, también la temperatura y hasta el transporte, si usted lo lleva en un carro con marranos, el café es una esponja y absorbe los olores, por eso cuando cargan pescado lo primero que le echan es café para que absorba el olor”.

Haciendo cuentas...

No hay duda de que el predio de Los Correa es un negocio en crecimiento. Pese a que Hugo es consciente de que el trabajo en el campo es complejo porque los factores naturales, climáticos y ambientales pueden echar al traste con cualquier cultivo, siente que en su negocio hay futuro.

“En esto uno nunca sabe cuánto va a ganar, siempre hay un riesgo en el mercado, los mismos precios que se manejan dependiendo del mercado internacional y del valor de dólar influyen”, analiza metido entre las matas, asumiendo la tarea de recolector.

En sus cuentas está que en Los Correa laboran entre 25 y 30 personas todo el año. En épocas de cosecha, se sube a 45 o 50 personas. A veces no es fácil tener recolectores, pues en Colombia la cosecha se da toda al mismo tiempo y la demanda es muy alta.

En cafés especiales, además, el recolector juega un papel especial, pues su tarea debe ser tan cuidadosa como lo es el cultivo o los pasos que siguen tras la captura de los granos de la mata.

Todo apunta a un solo paso, que es como trepar la cima: pasar la prueba de taza, que es lo mismo que catar, probar el café para reconocer su sabor.

“El café caturro es el que mejor taza da”, asegura. Toma entre sus manos un manojo de granos y los deja caer.

El sol arde en su finca sembrada de café, lulo y naranjas, pero donde el café es el rey. Él lo mima con los mejores procesos apuntando a un solo objetivo: conquistar nuevos paladares, lograr que le gente adquiera la cultura del sabor especial. Hugo ya está en la élite de los que producen el mejor café. Ahí va....

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