Pedro y Valentina son dos adolescentes de 17 años. Nacieron en la misma familia y van al mismo colegio, compartiendo así la formación académica; sin embargo, sus conocimientos, aptitudes y habilidades son distintas porque tienen inteligencias diferentes. El primero es amante del deporte, bailarín y práctico en la resolución de sus problemas diarios. Ella, en cambio, es metódica, la mejor en su curso de matemáticas y una lectora apasionada.
“Son un ejemplo de que hay diferentes inteligencias en la especie humana. La inteligencia es la capacidad de resolver problemas y adaptarse al ambiente y va más allá del coeficiente intelectual”, explica Mariantonieta Lemun, coordinadora de la maestría de estudios del comportamiento de la Universidad Eafit.
Según Lemun, esta definición hace parte de la teoría de inteligencias múltiples desarrollada por el profesor de la Universidad de Harvard, Howard Gardner, quien aseguró en 1983 que “hay ocho tipos de inteligencias en las que una persona potencializa sus habilidades. No significa que se nazca con una u otra, sino que una se desarrolla más y por eso vemos personas que se forman igual, van a la misma clase o viven en la misma casa y tienen pensamientos y racionamientos distintos”. (Ver infografía)
¿Pero cómo se desarrollan esos tipos de inteligencia? Ómar Muñoz, docente de la Facultad de Publicidad de la Universidad Pontificia Bolivariana, asegura que la inteligencia es una característica de la mente para organizar sus ideas y procesar la información que tiene a la mano para determinado fin: resolver un problema, tomar una decisión.
“La inteligencia se desarrolla básicamente con el entorno: el país donde nacemos, la ciudad donde me crié, la familia, los amigos y, clave, el colegio y la universidad”, aseguró el experto al explicar que no hay un factor hereditario que defina la inteligencia, es decir, no se transmite de padre a hijo, salvo en casos excepcionales, en los que se estudian las mentes prodigiosas: personas que hacen cálculos más rápidos que la calculadora o saben más de geografía que todos.
Según la ciencia, la inteligencia se configura en los primeros 7 años de vida, por eso “la guardería y el colegio son definitivos en el proceso de una persona, porque es una muy buena etapa para hacer una exploración de cuáles son las mejores aptitudes que tiene”, agrega la coordinadora Lemun.
El proceso de aprendizaje en una guardería es también fundamental para que los padres sepan qué colegio escogen para los hijos. “Muchas veces se selecciona una institución por el nivel económico, por ser en el que estudió el papá o por ser el que tiene matriculados a los hijos de las amigas de la mamá, pero escoger el colegio es fundamental para que además de conocimientos tradicionales se puedan desarrollar otras habilidades”, asegura.
Encontrar un colegio que potencialice distintas inteligencias no es fácil. “Lastimosamente el sistema educativo se enfoca en dos tipos de inteligencia: la lingüística y la lógico – matemática, en lo que se centran los programas académicos y quien tiene una inteligencia musical o naturalista se enfrenta a más barreras”, explicó.
Incluso, Lemun cree que, erróneamente el sistema educativo colombiano, “que nos enseña números, problemas matemáticos y clases magistrales, inculcó la visión de que las personas que obtienen mejores puntuaciones de inteligencia lógico - matemática tienen mejor desempeño académico, y por ende laboral”.
Mientras Lemun aboga por tener educación personalizada para los tipos de inteligencia que existen, Nicolás Arata, historiador de la educación y director de formación de Clacso (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales), cree que la escuela no puede personalizarse en un tipo de mente, sino, por el contrario, “ofrecer conocimientos comunes para todos los individuos. La escuela es la que crea los temas que hacen a la vida común y en sociedad”.
Según Arata, la escuela debe trasmitir conocimientos homogéneos y con metodologías tradicionales porque “hay muchos otros espacios, como los grupos barriales o la familia, en donde los individuos pueden desarrollar y potencializar saberes, aptitudes e intereses particulares y la responsabilidad de la escuela es trabajar los temas en común que hacen que ese grupo de individuos que se reúne en un salón de clases aprenda un conjunto de saberes en común”.
Pensar en alternativas educativas según el tipo de inteligencia es partir de la idea de que “todos los alumnos tienen derecho a ser grandes literatos, músicos o científicos. Como profesor en mi hora de literatura tengo que tener claro que todos son potenciales Gabriel García Márquez, por eso hay que desarrollar a todos los individuos y eso es lo que diferencia la escuela de las mastercalss, classroom u otras alternativas novedosas”, agregó Arata.
El desafío es hacer del salón de clase un aula que sea interesante, donde se deben aprender los saberes importantes, esos que no se enseñan en otros lugares, “teniendo claro que en la escuela no solo se aprende lo cognitivo, también se educa emocionalmente”, como afirma el profesor Muñoz.
En conclusión, una persona podrá, a partir de su educación, explotar la inteligencia que más le domine, pero no podrá vivir con una sola, deberá combinarlas e identificarlas para su quehacer diario y para poder trabajar con otros. En ese proceso la formación académica, desde el preescolar, es fundamental