A Mauricio Posada Maya no hay nada que lo llene más de orgullo que encontrarse en la calle o en un centro comercial con alguien que lo para y le dice: “Ay, doctor, si no hubiera sido por usted...”.
Ese agradecimiento es un regalo para su espíritu. Como médico graduado en 1981 en la Universidad de Antioquia, su ejercicio profesional ha estado marcado por el deseo de ayudar a los demás.
Esto -dice al sumar 34 años de trabajo continuo- le da más satisfacciones que cualquier cantidad de dinero depositada en su cuenta corriente. “Es lo mejor para el alma”, exclama el hijo de Alberto Posada, farmacéutico que le inculcó el amor por el servicio, la perseverancia para el trabajo y la rectitud, y de Leonor Maya, una divertida y diligente ama de casa, cuya pasión era la costura y que no tenía problema alguno en pasarse 15 años bordando un mantel. Y eso que, como ama de casa, tenía la delicada tarea de cuidar a sus seis hijos, de los cuales sobreviven tres, que como dato curioso también están pensionados: Álvaro, Luz Cecilia y, por supuesto, Mauricio.
Otro personaje que influyó en su vocación profesional fue Fernando Restrepo, un tío político que durante 40 años laboró como médico en la productora de galletas Industrias Noel. La hoja de vida de Posada Maya no es menos llamativa. Luego de pasar por la nómina del Instituto de los Seguros Sociales (ISS) y la Fábrica de Licores de Antioquia (FLA), estuvo un cuarto de siglo laborando media jornada en la cadena de almacenes Éxito y la otra media en la Organización Corona. Su campo de acción allí fue la salud ocupacional, área en la que es especialista. Décadas atrás, ese cargo no pasaba del manejo de un dispensario, en el que se brindaba una primera asistencia médica y farmacéutica a los pacientes. Hoy es un asunto más refinado, que tiene como contexto las ganancias del país en materia de seguridad social y el enfoque hacia una medicina preventiva que prioriza los factores de riesgo de quienes laboran en las empresas.
A Posada Maya el tiempo le rendía. En simultánea con esos dos trabajos de medio tiempo era, y es, el esposo de Liliana Martínez Arango, de la que afirma es “la mejor odontóloga de Medellín”, que trabaja de 6:00 a.m. a 7:00 p.m. y con quien se casó hace 37 años; es el papá de Juan, estudiante de ingeniería administrativa, y de María, arquitecta especializada en mobiliario; y, para rematar, fue socio y fundador con cinco colegas del Policlínico Sur, el mismo que hace un año adquirió la organización Prosalco y en donde él continúa oficiando como médico.
“No estoy jubilado, estoy pensionado”, aclara el profesional de la salud que mantiene fresca la devoción y afecto al atender a sus pacientes. Con muchos de ellos ha tejido una amistad duradera. Algunos son expresidentes de grandes corporaciones y al consultarle sobre los factores de riesgo profesional en este tipo de ejecutivos, destaca que, el más común, es el estrés, que surge al tener que tomar decisiones trascendentales en muy corto tiempo. El cuerpo pasa su factura por ello, a través de ataques al colon, la fatiga y el insomnio.
Claro que hay una peculiaridad. En el sentir de Mauricio Posada, este tipo de personajes, al igual que los políticos, más que un médico lo que a veces necesitan es a un amigo que los mire como seres comunes y corrientes. En su mundo poderoso es usual que quienes los rodean los busquen para sacar algún provecho. De ahí que tener un amigo que los escuche y que les permita desahogarse a sus anchas sea todo un bálsamo. Por esta vía es que el médico del Éxito se convierte en médico del alma.