Pico y Placa Medellín
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Jhonathan Florez murió ayer mientras practicaba para Mundial de saltos con traje de alas. Su paracaídas no se abrió.
Lo había intentado todo. Volar por encima del Corcovado, en Brasil; por las líneas de Nazca, en Perú; por el desierto de La Guajira, donde estableció cuatro récords Guinness; hacer parte de un equipo de fuerza aérea en California, donde vivía; lanzarse desde el cerro de Monserrate, en Bogotá, y hasta cansarse de volar por las peligrosas montañas de China, donde se coronó campeón mundial en 2013. Y justamente pensando en China, donde competiría en octubre venidero, halló la muerte.
Unas pocas horas antes del accidente en el que perdió la vida, en las montañas de Suiza a donde había llegado y mientras practicaba para competir en el Mundial de traje con alas, a cumplirse en la misma montaña de Tianmen que lo consagró dos años atrás, había dicho: “Tengo una gran meta por cumplir, tengo sueños que perseguir. Todo en la vida tiene un precio”. Y esa fue una de sus últimas frases en su página de Facebook, en la que muchas veces habló de sus vuelos, pero también de temas de corte social.
Paradójicamente,...