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Piedrahíta se sacrificó económicamente para poder jugar en el DIM. Ganarse a la hinchada roja es su reto.
A Marlon Piedrahíta siempre le ha tocado remar contra la corriente y por eso es un convencido de que en Medellín dejará huella.
En sus inicios en Nacional lamentó la muerte de una hija, después tuvo que probar suerte en equipos chicos y luego padeció las críticas por un regalo suntuoso que le dio al técnico Flavio Torres en el Once Caldas, después del visto bueno para que compraran el 70 por ciento de sus derechos a los 28 años de edad.
Ahora su reto es ganarse el cariño de la hinchada roja, esa que lo censuró cuando jugó vestido de verde durante casi cinco años.
Dejando la piel en la cancha, este lateral antioqueño, que también sabe jugar de volante, pretende echarse al bolsillo a los seguidores escarlatas y evitar las críticas de algunos fans nacionalistas que antes lo aplaudieron y ahora lo critican por vestirse con la camiseta del rival de patio.
Con fútbol, temperamento, profesionalismo y madurez, Marlon ha construido un nombre en el fútbol colombiano y regresó a Antioquia dispuesto a...